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domingo, marzo 26, 2017

Es increíble cómo cambia tu vida cuando cambias un pensamiento

Cada nuevo pensamiento es como una pequeña tormenta eléctrica recorriendo nuestro cerebro. Nadie los ha visto nunca, pero su poder es infinito: son ellos los que moldean la forma en que vemos el mundo, ellos los que en un momento dado nos alientan con una emoción renovadora, lista para transformar nuestra realidad.



A día de hoy siguen abundando, casi en exceso, todos esos títulos que nos animan a aumentar el poder de nuestra mente o a “volvernos más inteligentes” haciendo uso de una línea más bien esotérica y poco científica. Se les olvida, quizá, que la neurociencia ya nos ofrece maravillosas respuestas y nuevas perspectivas para comprender mucho mejor esos singulares mecanismos que rigen nuestro cerebro.

“La realidad es solo una percepción, aunque muy persistente”
-Albert Einstein- 

Términos como la neurogénesis o la neuroplasticidad han supuesto un gran avance frente a esos años en los que se pensaba que el cerebro adulto dejaba de generar nuevas células nerviosas llegada una edad. Nuestros pensamientos son un arma de poder incuestionable, son ellos los que crean nuevos puentes, ellos quienes generan nuevas conexiones reorientando el mapa de nuestras emociones o la moviola que pone en marcha la maravillosa película de nuestras vidas…

El pensamiento que “fabrica” tu propia realidad

Gracias al continuo avance en las técnicas de diagnóstico como las tomografías computerizadas, se han hecho grandes avances en la comprensión del funcionamiento cerebral. Uno de los más interesantes es saber por fin cómo se gestan los pensamientos. Pongamos un ejemplo: cuando miramos una pelota de color rojo y nuestra retina capta cada característica, la información viaja por estructuras como el núcleo geniculado, la corteza preestriada, etc.

“Todos nacemos siendo originales y acabamos siendo copias” 

Bien, si cerramos ahora los ojos y alguien nos ordena que pensemos en una pelota de color rojo, por asombroso que parezca nuestro cerebro activará exactamente las mismas estructuras. Es decir, el cerebro refleja la misma actividad cuando ve que cuando siente. Esta información tan asombrosa obliga a toda la comunidad científica y a nosotros mismos a hacernos la misma pregunta: si para el cerebro no hay diferencia entre lo que ve y lo que imagina… ¿cuál es nuestra auténtica realidad?

Aquí entraría sin duda todo el campo relativo al concepto de la mente cuántica, pero vamos a sortear este tema para quedarnos con aspectos más útiles, más concretos. Nuestra realidad esta conformada por algo tan simple como poderoso: nuestras emociones, ahí donde los pensamientos son los auténticos catalizadores. Para comprenderlo mejor vamos a profundizar en una serie de aspectos básicos.

¿Qué son realmente los pensamientos?

Un pensamiento es simplemente una fórmula química determinada acompañada de un impulso eléctrico. Tan triste como eso, pero a la vez fascinante. Cada vez que pensamos algo nuestras células nerviosas se conectan a través de las fisuras sinápticas descargando un tipo de bioquímica determinada.
Sabemos que los pensamientos son generadores de emociones. Cuando ellos mandan un mensaje es nuestro hipocampo, quien se encarga de traducirlos descargando una serie de neuropéptidos a través de la glándula pituitaria. Más tarde, estos neuropétidos se liberan en la sangre desencadenando una serie de reacciones.
Poco a poco puede ocurrir lo siguiente: si nuestro cerebro se habitúa a recibir un tipo de patrón emocional determinado, puede acabar creando hábitos de pensamiento. Es lo que ocurre por ejemplo con el estrés: a veces, quedamos tan supeditados a una emoción determinada (el miedo) que perdemos el control, avanzando día a día por un tipo de realidad en la que no nos sentimos identificados.

¿Qué tipo de realidad prefieres?

No se trata de ser “más inteligentes”, de aspirar a tener un mayor coeficiente intelectual de la noche a la mañana. Se trata, simplemente, de ser capaces de crear una realidad que se ajuste a nuestras necesidades, a nuestras características particulares y a nuestro pleno derecho a ser más felices.

“La realidad siempre está ahí, lo que cuenta es tu percepción”
-Diego Dillenberg- 

Para lograrlo, debemos tomar conciencia primero de un aspecto: nuestra realidad está sesgada por nuestros estados de ánimo, el peso de nuestros recuerdos, nuestras interpretaciones y pensamientos. Existirán personas que caminen por el mundo con una visión de túnel, ahí donde su realidad es tan estrecha que son incapaces de intuir todas las maravillosas posibilidades que les envuelven.

Aprendamos a ver el mundo en panorámica y en tecnicolor, creemos una realidad más amplia. Te explicamos cómo.

Nuestros pensamientos y la neurogénesis

La neurogénesis hace referencia a nuestra capacidad natural por generar nuevas células nerviosas. Si en 1928 Santiago Ramón y Cajal afirmó aquello de que “todo puede morir, nada puede regenerarse”, a día de hoy su enunciado se viene a bajo si nos centramos en nuestro cerebro, en ese fabuloso arquitecto de nuestra realidad.
  • Es necesario recordar en primer lugar que el mayor enemigo para nuestro cerebro es el estrés. Tanto es así, que cambiar su estructura interna, reducir la conectividad neuronal e incluso el volumen del hipocampo.
  • Debemos ser gestores de nuestro mundo emocional y recordar que son los pensamientos quienes están obligados regirlo. Un modo de conseguirlo a través de las siguientes preguntas: ¿Cómo quiero sentirme?/¿Cómo me siento ahora?/¿Qué me preocupa?/¿Qué puedo hacer para resolverlo?
  • Un diálogo interno firme, valiente y optimista puede ayudarnos a canalizar muchas de esos sentimientos negativos.
  • Recuerda también que el ejercicio físico es un modo sensacional de favorecer la neurogénesis. No solo oxigena el cerebro, sino que además, gracias a las endorfinas se aplaca el estrés y se generan nuevas células nerviosas.
  • Otro modo de generar nuevos pensamientos es cambiando hábitos. Romper rutinas, adentrarnos en nuevos escenarios, practicar nuevas aficiones o conocer gente estimulante es algo muy reconfortante para nuestro cerebro y nuestro estado de ánimo.
Por último, no podemos olvidar los grandes efectos de la meditación para nuestro cerebro. Esta práctica de armonización entre la mente y el cuerpo tiene grandes efectos en nuestro mundo emocional, favoreciendo incluso ondas Alfa y Gamma, las cuales, originan una mayor conectividad neuronal.

Seamos arquitectos de nuestra realidad, recordemos que no existen pensamientos neutros, todos son capaces de crear algo determinado. De nosotros depende que sea maravilloso.

Valeria Sabater

sábado, marzo 25, 2017

¿Qué relación hay entre las emociones negativas y el dolor crónico?

Parece difícil no relacionar el dolor con sentirnos mal a nivel emocional, ¿verdad? ¿A quién no le ha pasado que se dé un golpe en la rodilla y se haya “cabreado” con la mesa por estar en medio? A parte del enfado, también nos podemos sentir tristes o ansiosos.



Ahora imaginad que ese dolor no es pasajero, sino que está ahí la mayor parte del tiempo… No es difícil suponer el malestar emocional asociado, ¿verdad? El caso es que hay numerosos estudios sobre la influencia de los factores psicológicos en el dolor crónico. Entonces… ¿el malestar emocional viene provocado por el dolor crónico o es al revés?

“El mayor dolor del mundo no es el que mata de un golpe, sino aquel que, gota a gota, horada el alma y la rompe”
-Francisco Villaespesa-

El dolor crónico y la tristeza

El caso es que, aunque sepamos que el dolor crónico y las emociones negativas están vinculados, es complejo delimitar de manera concreta cuál es esta relación. No sabemos de forma exacta cómo influyen las emociones en la aparición o el aumento del dolor, de la misma forma que tampoco conocemos el papel que juega el dolor en que sintamos emociones negativas.

Por otro lado, el dolor crónico conlleva niveles elevados de incapacidad. Así, quienes lo padecen, ven su vida muy afectada. Esto también se relaciona con ese malestar emocional que suele aparecer en estas personas. De hecho, esta pérdida de la capacidad funcional puede conllevar altos niveles de tristeza.

“El dolor que no se desahoga con lágrimas puede hacer que sean otros órganos los que lloren”
-Francis J. Braceland-

En efecto, se ha encontrado que la incidencia de la depresión es mayor en los pacientes con dolor crónico en comparación con la población sin general. Pero no solo eso, la tristeza predice también aumentos en el dolor. De forma concreta, se ha mostrado que esta emoción es el predictor más fuerte del dolor en la artritis reumatoide.

La ansiedad y el dolor crónico

El dolor crónico no sólo está asociado a la tristeza o la depresión. También tiene relación con la ansiedad y la ira. Respecto a la ansiedad, se ha visto que las personas con dolor crónico son más ansiosas. Además, la prevalencia de los trastornos de ansiedad es mayor en esta población que en aquella sin dolor.

Al igual que con la tristeza, se ha encontrado que sentir ansiedad influye en la experiencia del dolor crónico. En concreto, niveles altos de ansiedad mantenidos en el tiempo predisponen a episodios frecuentes de dolor. Pero… no solo eso, también empeoran el dolor que ya estaba ahí. Así, el dolor es más pronunciado y sostenido en los pacientes con niveles más altos de ansiedad.

La sensibilidad a la ansiedad también juega su papel. Esto es el miedo a los síntomas de ansiedad, asociado a la creencia de que estos van a tener consecuencias perjudiciales para nosotros. Este factor influye tanto en el inicio como en el mantenimiento del dolor crónico.

“Dad palabra al dolor: el dolor que no habla gime en el corazón hasta que lo rompe”
-William Shakespeare-

El dolor crónico y la ira

El papel de la emoción de la ira en la salud física ya se ha estudiado en numerosas ocasiones. De hecho, se ha encontrado evidencia de que su experiencia y expresión contribuyen al inicio y a la evolución de diversas enfermedades psicosomáticas, como por ejemplo, enfermedades cardíacas o el cáncer.

Respecto al dolor crónico, los resultados indican que las personas que lo padecen muestran mayores niveles de ira y hostilidad que la población general. También se ha visto que la expresión interna de la ira es más alta que en el resto de las personas. Esto quiere decir que experimentan enfados que no expresan al exterior, sino que se manifiestan en su diálogo interno mediante pensamientos negativos a los que no dejan de darles vueltas.

Además, se ha visto que los pacientes con dolor crónico que tienden a expresar su ira de esta forma, en lugar de hacerlo hacia fuera (ira externa) o manejándola de forma más adecuada (control de ira), presentan niveles más altos de dolor. Pero también es perjudicial expresar la ira hacia afuera, ya que aquellos que lo hagan así van a ver sus relaciones interpersonales afectadas por lo que van a ver disminuido su apoyo social, el cual es clave.

Por todo ello, es sumamente relevante intervenir desde el plano psicológico en los pacientes con dolor crónico. Un control adecuado de la ira, así como estrategias de manejo de la ansiedad y la tristeza no solo van a fomentar un mayor bienestar psicológico, sino que también les va a ayudar a que la experiencia de dolor disminuya.

Laura Reguera Carretero

viernes, marzo 24, 2017

3 creencias comunes que nos bloquean

El ser humano es una especie vulnerable. Lo somos a nivel físico desde que nacemos y también lo somos a nivel mental. Somos vulnerables al entorno, a cómo procesamos nuestras experiencias en la infancia y adolescencia y al modelo de crianza que nos rodea. Con todo eso se van formando nuestros esquemas y creencias fundamentales. Sobre ellos girarán nuestros razonamientos, emociones y comportamientos.



¿Qué son las creencias?

Según Rokeach (1960), el “sistema de creencias representa el conjunto de expectativas, hipótesis o creencias, conscientes e inconscientes, que una persona acepta como explicación verdadera del mundo en que vive”. Las creencias nos ayudan para explicar parte de la realidad que percibimos. En muchos casos, nos arrastran a situaciones contradictorias dado que al estar tan arraigadas en nuestro mapa mental es difícil ponerlas en duda.

“Parece que los hombres prefieren creer antes que conocer”.
-Wilson- 

¿Cómo las construimos? Hay varios caminos por los que llegamos a formar estas pequeñas guías de pensamiento. Comienzan con la experiencia de la niñez de forma directa o indirecta. Por una parte tenemos en cuenta las asociaciones que realizamos y damos por válidas, y por otra las “creencias informativas”.

Estas que son aquellas que nos transmite un grupo de personas (cultural, político, religioso o social). Las creencias generalmente son tozudas, pero aliadas. Nos ayudan a movernos por el mundo y relacionarnos con los demás. Nos suelen proteger en momentos de incertidumbre, guían y contribuyen a darnos estabilidad y coherencia interna.

Sin embargo, existe el riesgo de que la creencia que hayamos heredado o construido respecto de un determinado elemento (amor, justicia, responsabilidad, sociedad) juegue en nuestra contra. de ahí la importancia de conocer su influencia, delimitarla y reducirla o eliminarla en los casos en los que pensemos que constituyen un a influencia negativa.

¿Existen creencias enemigas?

Años de investigación de psicólogos dedicados a las teorías de pensamiento han puesto sobre la mesa una serie de ideas irracionales y creencias contraproducentes que son comunes a nuestra especie. Aparecen de forma repetitiva en distintas personas y culturas (principalmente occidentales). En este caso, dejaremos de lado a las “ideas irracionales” para centrarnos en lo que se conoce como creencias contraproducentes comunes.

Existen creencias enemigas que nos bloquean. Concretamente se llaman “Creencias Contraproducentes Comunes”. No debemos sentirnos culpables por tenerlas y vivir bajo sus mandatos. La palabra “común” nos dice que esta forma de pensar se repite en muchas personas, tanto de nuestra cultura como de otras culturas. Lo importante es detectar esas creencias que se reflejen en nuestro comportamiento y trabajar para transformarlas en otras que nos ayuden.

“La creencia es involuntaria; nada involuntario es meritorio o condenable. Un hombre no puede ser considerado mejor o peor por su creencia”.
– Percy Bysshe Shelley –

Es importante recordar que este tipo de “instrucciones” son difíciles de cambiar dado que están integradas en nuestras costumbres e incluso pueden estar en la base de otras creencias. Así, cuestionar una puede suponer cuestionar otras muchas que se justificábamos partiendo de ella. Cuando una idea está en la base de nuestro sistema de creencias va a costar más extirparla.
Detectando creencias que nos bloquean

Vamos a detenernos en tres de estas creencias:

Emotofobia

Nunca debo sentirme triste, angustiado, inadecuado, celoso ni vulnerable. Debo esconder mis sentimientos bajo la alfombra y no trastornar a nadie.

Actualmente, muchos mensajes van dirigidos a quedarnos siempre con lo bueno de cualquier experiencia. En la mayoría de ocasiones se confunde el extraer un aprendizaje de una situación negativa con no permitirnos sentir y procesar lo malo. Huir de las emociones negativas no es beneficioso. El cuerpo y la mente necesitan equilibrarse y permitirse sentir emociones “malas”. Esto es importante para dar equilibrio al pensamiento y dar sentido a hechos o experiencias negativas.

Miedo al rechazo

Si me rechazas, eso demuestra que hay algo malo en mí. Si estoy solo, tiendo a sentirme desgraciado y sin valía.

Seguramente todos hayamos sentido el puñal del rechazo en alguna ocasión. La pregunta que nos hacemos es inmediata: ¿por qué? La respuesta que razonamos es peligrosa si viene desde la creencia equivocada. Es algo que se convierte en doloroso cuando desfiguramos las explicaciones y asumimos la culpa asociada a nuestra valía personal. Incluso en muchas ocasiones no nos valen los argumentos honestos de los demás. Nos centramos en disparamos directamente en el centro de nuestra diana emocional.

Adicción al amor

No puedo sentirme feliz y realizado sin ser querido. Si no me quieren, no vale la pena vivir.

Esta creencia es importante por la fuerza que tiene y lo aplastante que puede llegar a ser. Asociar la valía como ser humano a la dependencia de otras personas es dejar en manos ajenas lo más importante para nosotros. Sentirse realizado en base a los “te quiero” que recibamos conlleva muchos riesgos y trampas mentales. Cuando funcionamos buscando enfermizamente el amor en vez de enamorarnos de la persona que tenemos delante caminamos al borde un abismo donde es difícil distinguir el valor propio, que lo situamos en el fondo de ese acantilado.

Estas 3 creencias solo son un ejemplo de cómo nuestro contenido mental puede incidir en nuestros comportamientos. Comportamientos que al mismo tiempo, mediante el mecanismo de la profecía autocumplida, supondrán un refuerzo para estas creencias, logrando de esta forma que se asienten y sea más difícil que en un momento dado lleguemos a cuestionarlas.

Paula Murillo

jueves, marzo 23, 2017

Las emociones graban los recuerdos en piedra

Hay recuerdos que son más nítidos que otros, de manera que no todos se rememoran con la misma claridad ni intensidad. Así, podemos preguntarnos, ¿por qué unos recuerdos se codifican con más intensidad que otros? En este sentido, igual que en otros, las emociones parecen ser cruciales.



Podemos decir de manera exacta el día que hacía el día de nuestra boda, a qué olía nuestro ramo de flores, incluso la ropa que llevaban nuestros invitados. Es un día especial que nunca olvidaremos en el que surgieron muchas emociones, las mismas que facilitan que hoy nos acordemos de todos estos detalles.

El recuerdo del acontecimiento también dependerá de si la carga emocional era negativa o positiva. Porque en el caso de acontecimientos traumáticos, se puede revivir el acontecimiento una y otra vez sin poder pararlo voluntariamente, aunque como consecuencia del trauma se pueden distorsionar algunos detalles. Un fenómeno que por ejemplos se ha podido observar en el testimonio de algunos testigos de un crimen.

“Flashbulbs memories” o memorias de impacto

Las “flashbulb memories” se definen como recuerdos vívidos, detallados y consistentes y con una fuerte carga subjetiva de veracidad. Son memorias sobre sucesos altamente impactantes por la repercusión individual y/o social que implican. Por ejemplo, todos recordamos el día del 11-M, sobre todo, las personas que viven en Madrid o que tienen algún familiar allí.

Esos sucesos se quedan grabados, pero no solo los hechos, sino lo que hicimos durante ese día o dónde nos encontrábamos en el momento en el que recibimos la noticia del atentado. La alta implicación emocional y la sorpresa hace que registremos la información de todo aquello que ocurrió entorno al acontecimiento que marcaría un antes y un después.

Se recuerdan mejor los elementos centrales de la información como a quién llamamos cuando nos enteramos, dónde fuimos o con quién estábamos, que los pequeños detalles. Aunque los recuerdos no siempre son tan veraces como pensamos. No parecen ser más exactos que otros, aunque sí tenemos la sensación de acordarnos con mayor claridad. La información no tiene por qué ser precisa, pero sí intensa.

La emoción facilita el recuerdo

Según Wagenaar, el recuerdo autobiográfico está relacionado con la saliencia de los sucesos, es decir su importancia. También influyen lo agradable del suceso y el nivel de implicación emocional que tengamos. Aún pasando mucho tiempo, la sensación de recordarlo como si fuera ayer es grande. El nacimiento de nuestro hijo o la muerte de un familiar quedan grabados para siempre.

Está claro que la emoción que nos despierta un acontecimiento, cuanto más intensa, más intenso será el recuerdo. No es tan importante si despierta en nosotros una emoción positiva o negativa. Además, cuanta mayor implicación tengamos, la memoria se volverá más completa y organizada. Recordaremos mejor una fiesta de cumpleaños que ayudamos a organizar que aquella a la que llegamos a última hora.

La accesibilidad a los recuerdos también se ve influenciada por el estado emocional en el que nos encontramos en ese momento. Un día en el que estamos alegres, pensamos en momentos alegres, en sintonía con nuestro estado emocional actual. Se denominan memorias dependientes de estado, y en personas que sufren una depresión contribuirían a perpetuar la tristeza, rememorando sucesos negativos.

Impacto emocional de los eventos traumáticos

Se ha intentado determinar si se recuerdan mejor los sucesos con carga emocional positiva o negativa, y según Rubin y Bersten, nos acordamos mejor de los suceso positivos. Si el recuerdo es negativo, la ansiedad o el miedo que provocó el suceso puede interferir en el relato de lo que pasó exactamente. Aunque la intensidad de las emociones negativas sea mayor y el estado emocional al que preceden más prolongado.

Hay sucesos como agresiones sexuales, catástrofes naturales, batallas de guerra o atentados terroristas que dejan una huella imborrable en la personas. Muchas de las personas que sufren un episodio traumático en su vida acaba desarrollando trastorno de estrés postraumático. Uno de los síntomas de este trastorno es la re-experimentación del suceso, de manera que lo que se revive es los que sentimos en aquel momento.

El impacto de un suceso traumático es muy grande, aunque no significa que lo que se recuerda sea del todo exacto. La posibilidad de sufrir un shock dificulta el recuerdo. Las sensaciones vividas sí que son exactas y se reviven una y otra vez, pero los hechos pueden confundirse. No hay que olvidar que son momentos en los que mantenerse con vida es el objetivo principal.

De una manera o de otra, lo que está claro es que las emociones inciden en el funcionamiento de nuestra memoria. Inciden en la codificación de hechos y también en la recuperación. Por ejemplo, es más probable que nos acordemos de un hecho que codificamos en un estado de ánimo positivo cuando volvemos a estar en un estado similar. Con los estados de ánimo negativos sucede exactamente lo mismo, de manera que la alegría suele atraer recuerdos alegres y la tristeza recuerdos tristes.

Carolina López De Luis

miércoles, marzo 22, 2017

La obsesión por tener la vida perfecta

La vida rara vez genera en nosotros una sensación de satisfacción completa. Al menos con el concepto de completa que solemos albergar. En un mundo bastante artificial y plagado de falsas necesidades como es el nuestro, sentirnos personas a las que les falta una pieza o dos o las que sean puede cegar la dicha que podían generar las piezas con las que sí contamos. Es como si ese trocito que llena el hueco vacío que sentimos tener fuese la clave última e imprescindible para nuestra felicidad.



“Si trabajase en lo que me gusta, sería más feliz. Si tuviese una pareja estable y pudiese formar una familia con ella, seguro que al fin sería feliz”. 

Estos pensamientos, que todos hemos tenido alguna vez, son un obstáculo persistente en la senda de nuestro bienestar. Gran parte de ellos son el producto de nuestra cultura y de nuestra educación: se nos ha enseñado que cuanto más poseamos, mas dichosos seremos.
Vivimos con la presión y la autoexigencia de tener que hacer el quesito de Trivial entero y esta manera de enfocar la vida, evidentemente nos llena de ansiedades, frustraciones y tristeza. 

Cuando conseguimos alguna de nuestras metas (especialmente si son materiales), vamos enseguida a intentar alcanzar la que le sigue y después de esta, nos ponemos otra meta más y otra y otra, así hasta que acabamos exhaustos.

Tener deseos y metas vitales es legítimo y saludable. ¿Qué sentido tendría la vida si no tuviésemos objetivos e ilusiones? Pero distinto de esto es pensar que necesitamos todo lo que sanamente deseamos. Hacer una buena distinción es la clave para no dejarnos perturbar de forma exagerada por la derrota de no conseguir lo que planeamos.

La vida perfecta no da la felicidad

Que se lo digan a todas esas personas que han llegado a cumplir todos sus sueños y aun así, no se han sentido completos. Millones de personas en el mundo, desde fuera, parecen tener una vida envidiable. Si nos fijamos en ellas, podemos sentir incluso celos y pensar que han encontrado la manera de ser felices y estar tranquilos, pero es mentira.
Si esas personas son felices desde luego que no se debe a todo lo que poseen o han obtenido, si no a que saben mirar la vida de una manera especial. 

Al ser humano le cuesta mucho encontrar la calma con lo que ya tiene. Siempre tiene la sensación de que puede hacer algo más, de que puede ser mejor o de que puede obtener más cantidad de lo que sea. Está vacío, incompleto, imperfecto, verde…

Mediante esfuerzos descomunales, acabamos cosechando todos los logros, todas las pertenencias y todo aquello que hará que nuestra vida sea dichosa y acabamos agotados y con el cuerpo resentido. Una vez adquirido todo esto, esa dicha no se da y seguimos necesitando dar un paso más.

Si he conseguido ser una persona con licenciatura, ahora debo tener el doctorado y luego debo tener pareja estable, después intentaré hablar idiomas, viajar, tener hijos… Y lo peor de todo, si por el motivo que sea no lo consigo, entonces seré un desgraciado.
Este pensamiento es la semilla que siembra la desgracia en nuestra vida. Como la perfección no es más que un concepto irreal y es a ella donde queremos llegar, algo que es completamente imposible, siempre tendremos la sensación de que somos unos miserables. 

Y entonces, ¿dónde está la clave?

Lo primero que tenemos que aprender es que nada externo tiene tanto poder como para hacer que nuestro estado emocional sea uno u otro. Nadie es más feliz que antes por tener más cosas, al menos a largo plazo no funciona así.

Cuando los niños descubren los juguetes que les han traído los Reyes Magos parecen más felices, pero esa felicidad solo dura unos días. Tras este placer efímero, estos niños querrán cambiar de juguetes y estos que acaban de recibir, los dejarán de lado.

Esto mismo nos pasa a los adultos. Las cosas acaban perdiendo valor a lo largo del tiempo y lo que obtengamos en el futuro, también perderá valor. El ser humano acaba adaptándose y la habitación hace que termine viviendo como normal cualquier cosa.
¿Por qué Michael Jackson, con una mansión que además era parque de atracciones, era más infeliz que Pepe Mújica, que vive en una chacra? 

Lo segundo que tenemos que tener en cuenta es que la felicidad, la dicha, el bienestar o como queramos llamarlo está dentro de nosotros y consiste en una forma de ver la vida que aprecia y ama lo que posee ahora sin necesitar nada más. Es lo que el psicólogo Rafael Santandreu denomina “bastantidad”: esa capacidad de darnos cuenta de que lo que poseemos ya es suficiente y de que realmente no necesitamos nada más para estar a gusto.

Por último, un buen ejercicio es renunciar conscientemente a casi todo y estar dispuestos a vivir sin ello. Puedo intentar cumplir mis deseos, pero aceptando que quizás nunca los consiga y eso no tiene por qué repercutir en mi bienestar personal.
La aceptación de la vida tal y como va sucediendo, es una de las claves más importantes para sentirnos libres. 

Puede que pienses que es conformismo, pero no es así. Lo que promulgamos es que tengas deseos, motivaciones y objetivos. Que intentes alcanzarlos, pero siempre con la idea aplastantemente real de que nada de eso hará que seas más feliz, y que si en algún caso no lograras alcanzar la meta que te marcaste, tampoco lo necesitabas.

Alicia Escaño Hidalgo

martes, marzo 21, 2017

Cómo Controlar la Energía Sexual y Transformarla en Energía Pura, Creativa y Luminosa

Hoy quería hablar de cómo controlar la energía sexual.

Hablaremos principalmente de la energía sexual masculina, aunque espero que este artículo también te resulte interesarte si eres mujer.

Nos centraremos en cómo controlar le energía sexual masculina por dos motivos. En primer lugar, porque yo soy un hombre y solo puedo hablar por experiencia propia de la energía masculina.

Y en segundo lugar, porque en general las mujeres no tienen demasiados problemas para controlar su energía sexual. Somos los hombres los que tenemos dificultades en este aspecto.

Tenemos muchas dificultades.

Y es algo a lo que debemos prestarle atención y ponerle solución.

La Gran Carga que Supone la Energía Sexual Masculina

En este artículo explicaremos tres ejercicios concretos para controlar la energía sexual.

Pero antes de esto, me gustaría hablar de un tema del que no se habla casi nunca, por no decir nunca: el enorme peso que llevamos encima los hombres.

Es muy difícil ser hombre; mucho más de lo que parece. Los hombres llevamos una enorme carga sobre nuestros hombros.

Y ni siquiera nos damos cuenta; ni nosotros mismos, ni la humanidad en general.

Supongo que te habrás fijado, pero las mujeres, en general, están mucho más interesadas por temas espirituales. Si vas a cualquier curso de espiritualidad o de crecimiento personal, el 70-90% de los asistentes son mujeres. Están mucho más conectadas con sus emociones y su mundo interno, y esto las impulsa a crecer a nivel profundo.

Creo que es Eckhart Tolle quien, en el famoso libro “El Poder del Ahora”, afirma que la mujer está mucho más cerca de la iluminación que el hombre. Y también se lo escuché decir a Kryon hace no mucho.

Muchas veces se habla del “sexo débil” para referirse a las mujeres, y ciertamente en general tienen menos fuerza física. Pero a nivel espiritual, el sexo débil es el hombre.

Pero no es que sea débil en el sentido de que tiene poca fuerza; lo que pasa es que lleva un gran peso encima. Y una parte de este peso es la energía sexual.

La energía sexual masculina es como un torbellino. Nos nubla el entendimiento y nos dificulta mucho mantenernos centrados.

Es muy difícil de dominar y de convivir con ella.

Personalmente, como hombre, siempre me he sentido muy incómodo con mi energía sexual.

Es una de las energías más difíciles de controlar que hay en esta Tierra.

Tenemos que Aprender a Controlar la Energía Sexual

Una de las principales razones que me han impulsado a escribir este artículo es sacar este tema a relucir. Es un tema delicado y me preocupa que se pueda malinterpretar, pero aún así creo que es positivo hablar de ello.

Si eres una mujer, es posible que te cueste un poco entenderlo; de la misma manera que a los hombres nos cuesta entender los procesos femeninos.

Pero hay algo que los hombres necesitamos oír, y en el fondo las mujeres también. Es algo que la humanidad en general necesita oír.

No estamos tan obsesionados con el sexo como parece. En el fondo de nuestra alma, el sexo no nos interesa lo más mínimo. Lo que pasa es que tenemos un león hambriento en nuestro interior. Viene de serie con el traje humano que llevamos; forma parte de la experiencia de ser hombre. Pero no forma parte de lo que realmente somos.

Nosotros no somos el león.

Ahora bien, que no seamos el león no significa que podamos desentendernos de él. Forma parte de nuestra vida y tenemos que aprender a controlarlo. Nos lo debemos a nosotros mismos, y se lo debemos a la humanidad en general.

Un porcentaje muy elevado de los problemas de la humanidad han sido causados por el león. La gran mayoría de la violencia de la Tierra es causa del león.

Y es nuestra responsabilidad domarlo.

Cómo Controlar la Energía Sexual Masculina

Así pues, por un lado hay que tener claro que la energía sexual masculina es muy difícil de controlar y que no debemos sentirnos culpables ni avergonzados por ello. Pero por otro, tenemos que asumir que es nuestra responsabilidad dominarla.

La energía sexual es una energía maravillosa, pues en el fondo es energía creativa. Es una energía que crea vida, y si aprendemos a controlarla podremos hacer grandes cosas.

Un hombre que controla su energía sexual es un hombre muy poderoso y luminoso. Es un hombre compasivo y amoroso, y con una gran capacidad creativa.

La gran pregunta es: ¿cómo podemos conseguirlo? ¿Cómo podemos dominar nuestra energía sexual?

Pues la respuesta es muy simple, aunque muy difícil de llevar a la práctica: tenemos que dejar de eyacular.

Para siempre.

Si eres hombre, es muy probable que esta idea te parezca descabellada no, lo siguiente de descabellada. Imposible. Totalmente imposible.

Pero fíjate bien en que no he dicho que tengamos que dejar de eyacular ya mismo. No tienes que hacerlo hoy, ni mañana, ni pasado mañana. De hecho, ni siquiera tienes que hacerlo en esta vida. Puedes tomártelo con toda la calma que quieras.

Pero sí deberías meditar sobre ello y empezar a asumirlo. En algún momento de tu existencia, sea en esta vida o en otra más adelante, dejarás de eyacular.

El sexo es algo transitorio de la naturaleza humana. No es algo que vayamos a necesitar a largo plazo.

Y se está acercando el momento de empezarlo a soltar.

Método 1 para Controlar la Energía Sexual

Una vez tenemos claro que tenemos que aprender a controlar nuestra energía sexual, el siguiente paso es ponernos a trabajar en ello.

Un primer método que podemos utilizar es el de hacer circular la energía por todo nuestro cuerpo. Este es un método muy conocido y que hace mucho que se utiliza.

Cuando sentimos deseo sexual, una gran cantidad de energía se concentra en los genitales. Y cuando sucede esto, los hombres sentimos un fuerte impulso a expulsar esta energía hacia el exterior.

Esto no es negativo en absoluto. La esencia de la energía sexual es la creatividad, así que es totalmente natural que quiera manifestarse y salir al exterior. Lo que pasa es que, a no ser que queramos crear una nueva vida, expulsarla a través de la eyaculación es un gran desperdicio. Perdemos una gran cantidad de energía sin hacer prácticamente nada con ella.

Una manera de evitarlo es alejar la energía de los genitales y llevarla a otra parte del cuerpo donde nos sea más fácil manejarla y expresarla de forma constructiva.



Para ello, podemos centrar nuestra atención en la zona de los genitales y mover mentalmente la energía hacia atrás; hacia la base de la columna vertebral. Así:Luego podemos hacer subir la energía por la columna hasta la coronilla, y después hacerla bajar por la parte anterior del cuerpo hasta la zona que hay debajo del ombligo. A la hora de hacer bajar la energía por la boca, es recomendable llevar la punta de la lengua hasta el paladar para que pueda pasar mejor.Si haces este ejercicio verás que, cuando la energía está en la zona de debajo del ombligo, no sientes el impulso de expulsarla. Al contrario, sentirás el impulso de guardártela dentro de ti y de expresarla de otras maneras creativas.

Es un ejercicio muy simple, pero tiene dos dificultades importantes. La primera es que cuesta mucho apartar la atención completamente de los genitales; y enseguida que volvemos a centrarnos en ellos, vuelve el impulso de eyacular. Pero con un poco de práctica y de voluntad se va haciendo cada vez más fácil.

Y la segunda dificultad es que, al no expulsar la energía sexual, tendremos una gran cantidad de energía extra en nuestro interior. Y tenemos que hacer algo con ella.

Si eres una persona con proyectos, ideas y ganas de hacer cosas, no tendrás demasiadas dificultades. Simplemente se trata de utilizar esta nueva energía en tus proyectos.

Pero hay muchas personas que se sienten bastante vacías y faltas de ilusión. Y en estos casos, tener energía extra suele ser incómodo. Tener energía sin saber qué hacer con ella no es agradable. Y es muy fácil tener ganas de descargarla para poder descansar.

Esto tiene una parte difícil, pero también es una muy buena oportunidad para plantearse una de las preguntas más importantes de nuestra vida: ¿qué es lo que realmente quieres hacer aquí?

¿Qué es lo que realmente quieres crear en tu vida?

Es muy importante buscar esta respuesta.

Y cuando la encuentres, en lugar de descargar tu energía sexual a la ligera, úsala para hacerlo realidad.

Método 2 para Controlar la Energía Sexual

Otro método que podemos utilizar para controlar la energía sexual es conectar mentalmente con alguna persona o ser que para nosotros sea un ejemplo de madurez espiritual. Puede ser Jesús, Buda, algún ángel o arcángel, etc.

La persona o ser concreto que elijamos es indiferente. Lo único que importa es que a nosotros nos inspire paz y pureza espiritual. Yo personalmente lo hago con los Pleyadianos, de quienes te hablé hace poco.

La base de este ejercicio es simple: cuando piensas en Buda o Jesús, o en cualquier otro ser elevado espiritualmente, ¿te los imaginas perdiendo el control de su energía sexual?

No, ¿verdad?

Por este motivo, el simple hecho de pensar en ellos tiene un gran efecto calmante.

Y, además de esto, también puedes pedirles ayuda. En función de las creencias que tengas, esto puede resultarte muy extraño, o incluso ridículo. Pero es algo que puedes probar, y es muy efectivo.

Cómo Controlar la Energía Sexual con Tapping

Y por último, un tercer método que podemos usar es el tapping. El tapping sirve para todo, y también lo podemos utilizar para controlar nuestra energía sexual.

Por si no lo conoces, el tapping es una terapia muy sencilla y efectiva que consiste en describir lo que queremos tratar con una frase y luego darnos unos golpes muy suaves en unos determinados puntos del cuerpo. 

La manera de usarlo para controlar la energía sexual es buscar frases que describan todos los bloqueos y dificultades que tengamos respecto a este tema, y hacer tapping con ellas. Por ejemplo:
Siento un deseo sexual muy grande y no lo puedo controlar.
Me cuesta mucho apartar la atención de los genitales.
Si no descargo la energía sexual, me siento muy incómodo.
Creo que no lo podré controlar nunca.
Me parece imposible lograrlo.
Me siento muy frustrado y culpable cuando no lo consigo.
Etc.

Aquí he puesto unos cuantos ejemplos bastante genéricos, pero a la hora de aplicarlo es importante que las frases sean lo más específicas posible. Cuanto mejor describan lo que sientes, mejor.

De esta manera, poco a poco podemos ir controlando nuestra energía sexual y aprendiendo a utilizarla de forma constructiva.

Esta es una de las transformaciones más grandes que puede vivir un hombre.

La gran mayoría de hombres vivimos dominados por nuestra propia energía sexual. Y por el camino hacemos sufrir a las mujeres.

Es hora de empezar a tomar las riendas.

El mundo nos está esperando.

www.jananguita.es

lunes, marzo 20, 2017

Aprende a resolver los 7 tipos de conflicto más comunes

Resolver conflictos habituales es una de las habilidades que más quebraderos de cabeza nos puede evitar. Allí donde haya dos seres humanos, hay al menos un conflicto. Esto no se debe a que la gente sea mala o tenga intención de crear problemas. Sencillamente, se produce porque dos personas nunca piensan exactamente igual.


Las relaciones sanas no son aquellas que carecen de conflictos. De lo que se trata no es de evitar las contradicciones, sino de saberlas resolver. Allí está el verdadero secreto de la buena convivencia. Y no es tan difícil, si te lo propones. Es suficiente con que tener voluntad, paciencia, capacidad de comprensión y estar dispuesto a no estancarte en las diferencias, de manera que no las rumies.

“Primero, escuche. Dele a su oponente la oportunidad de hablar. Déjelo terminar. No se resista, defienda ni discuta. Esto sólo levanta barreras. Trate de construir puentes de comprensión”.
-Dale Carnegie-

Algunos conflictos son más frecuentes que otros. Enseguida hacemos un inventario de esos problemas habituales y que vale la pena aprender a resolver para tener una vida más tranquila y unas relaciones más sanas y fluidas.

1. Resolver conflictos por malos entendidos o percepciones erróneas

Son uno de los tipos de conflicto más comunes. Se presentan cuando hay una falla en la comunicación. Los involucrados no cuentan con toda la información acerca de algo, o tienen una información tergiversada, o la interpretan de manera errónea. Esto da lugar a prevenciones, molestias o rencores.

Para resolver este tipo de situaciones lo mejor es el diálogo franco y directo. Si notas que alguien se muestra hostil de repente y no sabes por qué, lo mejor es preguntarle de manera directa. Y lo mismo vale para el caso contrario. Si tienes una molestia, lo mejor es que la expreses abierta y respetuosamente. Muchos grandes problemas se evitan con una comunicación asertiva.

2. Por una falta de acuerdo que no se trata

A veces la hostilidad entre dos personas es constante e insidiosa. Puede ser que una le critique a la otra todo lo que hace o dice. O puede ser que siempre se muestre inconforme o molesta. De manera que ambos tienen la percepción de que hay un malestar constante.

Lo más probable es que en esos casos haya un conflicto de fondo que no se ha reconocido. Y ese gran problema se traduce en pequeños roces cotidianos y constantes. Si quieres resolver una situación así, lo primero es identificar lo que hay detrás de todo. Luego, es necesario afrontar esa dificultad con el otro son olvidar la sinceridad y el respeto.

3. Por intereses contrapuestos

Es lo que se llama comúnmente un “conflicto de intereses”. Se da cuando las necesidades de una persona se contraponen a las necesidades de otra. Por ejemplo, cuando se debe hacer una tarea doméstica y los potenciales responsables quieren descansar, en lugar de hacerla.

En esos casos, el problema solo se puede resolver si se abre paso una negociación justa. Esto quiere decir que ambos deben ceder. Pero también que ambos deben obtener un beneficio. No es tan difícil lograrlo si los involucrados aceptan que “es mejor un mal arreglo, que un buen pleito”.

4. Por valores o creencias diferentes

Este tipo de conflictos también están en el grupo de los más usuales. En realidad, no aparecen porque dos personas piensen diferente. Solo se convierten en problema cuando una, o ambas, pretenden imponer sus creencias al otro y/o descalificar lo que piensa.

Por lo general esto ocurre con las creencias religiosas o políticas. En ambos casos suele haber un afán de proselitismo, es decir, un interés por “reclutar” al otro para el propio bando o grupo. Para resolver este tipo de conflicto, basta con admitir que el respeto a la libre conciencia del otro es una garantía de que los demás también respeten lo que pienso.

5. Resolver conflictos por poder

El poder es una fuente de conflicto permanente. Quien lo detenta es foco de toda suerte de críticas, unas bienintencionadas y otras no. El que no lo detenta recibe sus efectos y muchas veces siente que está siendo afectado negativamente por este. En el marco del poder siempre hay tensión.

Para resolver los conflictos de poder lo más adecuado es proponer mecanismos que lo hagan horizontal. Esto quiere decir, generar espacios para escuchar y atender a quienes no lo detentan. Esto vale no solo para quienes ejercer grandes cuotas de poder, sino también para quienes ejercen poder en la familia, la escuela, el trabajo, etc.

6. Por dificultades intrapersonales

Las dificultades intrapersonales hacen referencia a los conflictos que tienen lugar en la mente de un individuo. Esto quiere decir que en realidad no hay un problema externo. Es la persona quien lo ve así. Sucede cuando, por ejemplo, alguien ansioso no tolera que otros hagan algo lentamente.

Quienes rodean a una persona afectada por un conflicto intrapersonal deben, amablemente, hacerle caer en la cuenta de la situación. La mayoría de las veces no son conscientes de ella. A veces solo se trata de hacerle ver que no hay conflicto. Si se hace esto de forma serena y respetuosa, probablemente surta un magnífico efecto.

7. Por incompatibilidad de caracteres

Es la clase de conflictos en los que, sencillamente, “no hay química”. Por una u otra razón, a una persona le cuesta aceptar a otra. Es una especie de antipatía genérica que no obedece a algo en particular. En esos casos se puede caer en la tentación de expresar esa tensión a través de gestos de rechazo continuados.

Si bien es cierto que no todo el mundo tiene por qué “caernos bien”, también lo es que no tenemos ningún derecho a rechazar a alguien por ser como es. Quizás los rasgos de ese otro son complementarios a los nuestros y no lo notamos. Quizás simplemente debemos tomar una distancia prudencial y tratar al otro con la consideración que merece.

Los conflictos, en general, se pueden resolver siempre a través de una comunicación asertiva. Esto no significa una comunicación solapada o falsamente cortés. Se trata más bien de abordar directamente el problema, con tranquilidad y respetando al otro. Si sabes comunicarte adecuadamente, antes que resolver conflictos seguro logras prevenirlos.

Edith Sánchez