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martes, agosto 22, 2017

Tus críticas son el espejo de tus limitaciones

Las limitaciones y ataduras que nos encontramos en nuestro camino muchas veces son autoimpuestas. La frustración que esto nos provoca y el hecho de no querer darnos cuenta de la cruda realidad se manifiesta en forma de críticas hacia los demás.



Pero, ¿por qué íbamos a querer frenarnos a nosotros mismos? Por los miedos, pero sobre todo por todas las creencias a las que estamos muy aferrados y que jamás hemos querido ni sabido cuestionar. Sin embargo, todo esto se hace eco en nuestra vida en forma de problemas. La solución de todos ellos se encuentra en nosotros.
Cada vez que critiques a alguien, pregúntate: ¿eso que veo en él lo tengo yo también?

La parábola de los dos monjes

A continuación, vamos a ver esas limitaciones que nosotros mismos nos ponemos con la parábola de los dos monjes. Esta parábola encierra una enseñanza muy profunda y nos permite ver todas aquellas críticas que les dedicamos a los demás de otra manera.

“Había una vez dos monjes zen, Tanzan y Ekido, que regresaban a su monasterio después de un largo viaje. El día antes había llovido, por lo que el camino estaba lleno de lodo. Cuando pasaron cerca de un pequeño pueblo, encontraron a una joven que vestía un espléndido kimono dorado.

Para proseguir su camino, la joven debía atravesar un enorme charco de agua. Ante aquel obstáculo se quedó paralizada pensado que, si mojaba su kimono lo arruinaría y su madre la reprendería duramente. Sin dudar un segundo, Tanzan se acercó a la joven y le brindó su ayuda: la cargó sobre su espalda hacia el otro lado del charco. Luego ambos monjes prosiguieron su camino.

Cuando llegaron al monasterio, Ekido, quien se había mostrado incómodo durante el resto del viaje, le reprochó con tono áspero a su compañero:

– ¿Por qué has tomado a esa joven en brazos? ¡Sabes que nuestros votos lo prohíben!

Tanzan no se turbó, miró a su compañero de viaje y le respondió con una sonrisa:

– Yo cargué a aquella joven hace algunas horas, pero tú aún la llevas sobre tu espalda”.


“Justifica tus limitaciones y te quedarás en ellas”
-Richard Bach-

Gracias a esta parábola nos damos cuenta de que a pesar de que Tanzan había hecho una buena obra, el sentido del deber y todo aquello que le habían dicho que no debía hacer pesaba más en su compañero Ekido. Sin embargo, como podemos observar, no le dijo lo que le pasaba hasta pasadas unas horas.

Esto nos permite reflexionar sobre lo relacionado que está todo esto con los pensamientos rumiantes. Esos a los que les damos vueltas en nuestra mente y que, en realidad, no nos aportan nada productivo. La crítica de Ekido manifestaba un conflicto que había en su mente en la que él mismo se estaba autolimitando para hacer lo que en primera instancia seguro que también pensó: ayudar a la joven.

Grandes lecciones para deshacerse de las limitaciones

¿Has criticado alguna vez a alguien por no vestirse de manera adecuada? Entonces seguro que una parte de ti desearía también no haberlo hecho porque, tal vez, no te sientes cómodo con la ropa que llevas puesta. A veces, no nos damos cuenta de que nuestras críticas reflejan una limitación que nos hemos impuesto. Porque a pesar de las normas, de lo “aceptable”, nosotros siempre tenemos la última palabra.

Para deshacernos de las limitaciones y, por ende, empezar a ver las críticas como una manera de ver partes de nosotros que no somos capaces de percibir en un primer momento, es importante que pensemos en el presente. Si deseamos hacer algo o actuar de una determinada manera, no pensemos en si estará bien, en si me mirarán mal u otras dudas similares.

Hagámoslo y, después, soltemos esa situación, al igual que hizo Tanzan. Porque si nos paramos a escuchar nuestras propias limitaciones, al final estaremos cargando con un peso innecesario. Además, no nos podemos olvidar de que ese peso se irá incrementando a medida que sucedan situaciones similares.

También es importante aprender a cuestionarnos nuestras creencias. Pues pensamos que estas nos hacen mejores personas si las seguimos al pie de la letra. Sin embargo, pesan más las acciones. Tener creencias muy rígidas evitará que seamos libres para actuar tal y como demande el momento. Crearemos barreras, nos autolimitaremos y, como consecuencia, no nos sentiremos nada bien.
Deja de hacerte preguntas como: “¿debo hacerlo o puedo hacerlo?”. Empieza a darle prioridad a la pregunta: “¿quiero hacerlo?”.

Las creencias están para ser cuestionadas, las críticas están para ayudarnos a ver en los demás partes de nosotros mismos que desconocemos. Todo esto, no es una oportunidad para negar lo que no queremos aceptar, sino para aprender y madurar. Todos tenemos limitaciones, pero muchas de ellas nos las hemos impuesto nosotros. Nos quedamos muchas más veces en nuestros pensamientos, en vez de actuar tal y como queremos hacerlo en el momento.

Raquel Lemos Rodríguez

lunes, agosto 21, 2017

¿Sabes en qué consiste la técnica del frasco de la felicidad?

Curiosamente, una de las frases más bonitas y recurrentes de la genial reina del suspense Agatha Christie nada tiene que ver con el misterio. La escritora consideraba que “una de las cosas más afortunadas que te pueden suceder en la vida es tener una infancia feliz”. Por eso hoy vamos a ver cómo la técnica del frasco de la felicidad puede ayudar a pequeños y mayores a alcanzar tal logro.



No siempre es fácil pensar en positivo, especialmente para los adultos que lo hacemos mucho. En este sentido, parece que los niños lo hacen de una manera más natural, todavía inocentes, con ganas de jugar, de reír, de divertirse… De ahí que cualquier técnica para que disfruten y disfrutemos un poco más, facilitando el crecimiento pleno, merezca la pena.

La técnica del frasco de la felicidad

Los estudios demuestran una y otra vez que una actitud positiva es un arma poderosa para superar todo tipo de obstáculos. De ahí que reforzar el hecho de que los niños desarrollen una actitud que tienda a la positividad sea tan importante. Es básico de cara a su presente y esperanzador para su futuro

“Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro”
-John Fitzgerald Kennedy-

Así pues, la técnica del frasco de la felicidad podemos describirla como “un juego” que trata de ayudar a los tutores reforzar esa actitud que positiva que muchos niños presentan de manera natural y a generarla en los casos que no sea así. Porque no todos los niños son siempre tan desinhibidos como el estereotipo que la mayoría tenemos en mente, lo que no impide que puedan encara los conflictos o problemas con una disposición positiva.

Así pues, esta técnica trata de mostrar cómo enfrentar problemas desde un punto de vista optimista. Y así fue como la famosa filósofa Elsa Punset ideó este pequeño juego:
  • Un juego para realizar en familia o grupo. Así pues, entre todos los miembros se ha de escoger un tarro de cristal de buen tamaño, que será el frasco de la felicidad.Para ello, lo escribiremos en un papel pegado al bote, de manera que se lea la etiqueta, y lo dejaremos en un lugar reconocible del hogar.
  • Así pues, cada día, padres, hijos, educadores, monitores, es decir, los participantes, tienen que escribir en un papel qué es lo mejor que les ha pasado durante las últimas 24 horas. Hablamos de cosas sencillas, como una buena nota en un examen, una comida rica, algo que salió mejor de lo que se pensaba, conocer a alguien majo, etc. Luego, este papelito se ha de doblar e introducir en el bote. Aunque parezca sorprendente, estas pequeñas frases se graban en el cerebro casi sin querer.
  • Cada seis meses, se abre el frasco, que para entonces estará bastante lleno, y se leen todos los mensajes positivos de cuanto ha sucedido al grupo y familia durante los últimos tiempos.

El objetivo de la técnica del frasco de la felicidad

Pero…, ¿para qué sirve la técnica del frasco de la felicidad?. En realidad, no es una ocurrencia ni en el fondo hay un capricho. Se ha demostrado que el cerebro humano aprende mucho y bien mediante el clásico método de ensayo y error. Esta es quizás una técnica muy básica, pero nos acompaña toda la vida, desde que nos sientan en la silla cuando somos pequeños y empezamos a dejar caer objetos al suelo.

También es de sobra conocido que una actitud positiva sirve para transformar situaciones adversas en favorables. No quiere decir que sea sencillo, pero ofrece la posibilidad de convertir problemas en oportunidades. Por ello, esta técnica permite:
  • Que los niños aprendan a reflexionar sobre todo lo bueno que les sucede al cabo del día. A veces pueden ser muy impulsivos e impacientes, y creen que todo es horrible, por lo que esta técnica les demuestra que esa sensación no es real.
  • Aprenden a apreciar los pequeños detalles. Un beso, una caricia, un comentario agradable… A todos nos suceden cosas buenas en todo momento, pero no siempre tenemos la actitud y predisposición para identificarlas, sentirlas y disfrutarlas. Pero al fijarlas en el cerebro una vez escritas, nuestra actitud cambiará casi sin darnos cuenta.
  • Todos los miembros aprenderán a diferenciar los grandes problemas de las minucias, especialmente los niños.
  • Es una técnica muy útil también para que todos los miembros del grupo, especialmente los más pequeños, aprendan a ser agradecidos.
  • También es un fantástico modelo para mejorar la comunicación familiar y del grupo.

Así que no te lo pienses y pon en práctica la técnica del frasco de la felicidad con los grupos de los que formas parte. Son pequeños pasos para para cada uno, pero un gran paso para todos, ya que implementándola estaremos creando un mundo más positivo.

Pedro González Núñez

domingo, agosto 20, 2017

Conoce los 4 pasos fundamentales para empezar a meditar

La atención consciente, meditación, atención plena, mindfulness o Sati, como se la designa en pali, es una práctica en la que tomamos conciencia de las distintas facetas de nuestra experiencia en el presente. En este sentido empezar a meditar es una oportunidad para ser conscientes de cómo nos movemos, cómo nos sentimos (tanto física como emocionalmente) y cómo respondemos o reaccionamos ante cada situación. Esta cualidad de conciencia, por ejemplo es la base de toda vida creativa: nos permite ser honestos, pragmáticos, despiertos, valientes y tener iniciativa.



En muchos momentos del día, quizás demasiados, pasamos de prestar atención a lo que ocurre a nuestro alrededor para dedicar la mayor parte de nuestros recursos mentales a trabajar con nuestros pensamientos, ya sean problemas o ilusiones. De alguna manera ponemos el piloto automático y desconectamos. Nos vestimos, nos duchamos o desayunamos pensando lo primero que haremos cuando lleguemos al trabajo, de esta manera nuestra jornada laboral comienza mucho antes de que nos sentemos frente al ordenador o cojamos las herramientas.

¿Cómo podemos empezar a meditar?

Para empezar a meditar y llegar a un estado en el que todo fluye y nuestra atención está centrada plenamente en lo que ocurre ahora, tanto dentro como fuera de nosotros, hay muchos caminos. Uno de los más conocidos y practicados en es el mindfulness, que se puede desarrollar en cuatro pasos básicos:
  • Atención plena: se trata de centrar la atención (sin juzgar, definir o interpretar) en aquello que ocurre a nuestro alrededor en un momento concreto: los sonidos, los objetos que vemos, el tacto que recibimos, etc. Simplemente, observar.
  • Relacionándonos con nuestros pensamientos y emociones: en ese momento en que nos concentramos en lo que ocurre a nuestro alrededor aparecerán pensamientos y emociones, las cuales dejaremos que fluyan tomando conciencia y aceptándolos sin más.
  • Viviendo el aquí y el ahora: el presente se vive atendiéndolo, realizando las actividades del día a día con plena conciencia.
  • Desarrollando la compasión: la compasión empieza por quererse a uno mismo, aplicando este cariño a conocidos queridos y al resto del mundo, simples conocidos o hasta enemigos.
La técnica de mindfulness un proceso de preparación muy similar al de otros procedimientos en los que se logra la meditación. Esto es así porque en todos se busca una situación muy peculiar: un despertar de la atención y un estado de relajación corporal. Si os parece, vamos con las ideas centrales de este proceso que nos ayudarán a empezar a meditar.

Body scan

La primera idea es la de relajar el cuerpo, para lo cual podemos aplicar la respiración consciente y una técnica que se denomina “body scan” o repaso del cuerpo. El body scan consiste en explorar y notar el propio cuerpo. Se comienza por los pies y se van repasando las diferentes zonas.

Observamos con curiosidad las sensaciones que vamos recibiendo de cada una de las zonas en las que centramos la atención. El body scan se puede extender de 5 a 20 minutos. Una vez se ha realizado ese barrido corporal, se pasa a centrar el proceso meditativo en el ahora, dejando que surja de nuestra mente aquello que esta necesite trabajar. Adquiriremos esa posición de observador.

Centrarse en el ahora

Esta focalización en el presente se puede hacer mediante ejercicios de atención a un objeto (con un objeto cualquiera, simplemente observándolo). También a sonidos(escuchando todos los sonidos que seguramente no percibimos cuando no entramos en ese estado de fijación). Por último, a sensaciones físicas (lo que podamos sentir en nuestro cuerpo), entre otros.

Evitar juzgar e interpretar

La atención a mente y emociones desde la perspectiva de observador supone recibir aquello que nuestro mundo interno quiera mostrarnos. En este punto, se trata de evitar interpretar y juzgar. Todo lo que ocurra en nuestro interior es normal y supone un aprendizaje acerca de nosotros mismos.

Estas prácticas se desarrollan hacia el tonglen y el metta. Tonglen y metta hacen referencia a la compasión, hacia nosotros mismos y hacia otros. De esta forma, nos dirigimos hacia el perdón, la gratificación, la valoración y la compasión con lo que tenemos y con los otros.

Ejercicios prácticos para empezar a meditar

Para empezar a meditar es necesario prestar atención a diferentes variables. Son las siguientes: respiración, sentidos, cuerpo, mente y actividades de la vida diaria. Los ejercicios a desarrollar a partir del mindfulness se pueden clasificar en cinco grupos:
  • Observación de experiencias presentes: vivir la vida como si se mirara un cuadro, observando los detalles específicos de la misma, con una sonrisa si puede ser.
  • Manejo de pensamientos: se trata de dar la bienvenida a todos los visitantes de nuestra mente.
  • Actos de plena conciencia: hacer las actividades que debamos hacer de una en una y concentrados en aquello que estamos haciendo, ralentizando las actividades, por ejemplo.
  • Aceptación y desapego: asumimos que todo está en un proceso continuo de cambio y transformación, que nada es inmutable.
  • Compasión y autocompasión: nos tratamos como si fuéramos la madre compasiva de un niño, mentalizándonos de que todo pasará.

Observación de experiencias presentes

Uno de los ejercicios más famosos es el de la uva pasa. Con una uva pasa en la mano observaremos su forma, textura, color, olor, etc. Una vez la hemos explorado, la comemos despacio recogiendo también impresiones mientras la tenemos en la boca. Así vamos centrando la atención en la experiencia presente de observar y comer una uva pasa.

Otro de los ejercicios que podemos utilizar para meditar son los de STOP y RAIL, que corresponden a los siguientes acrónimos:
  • S / Stop, ¡párate!
  • T / Toma conciencia de la respiración.
  • O / Observa lo que piensas, sientes y haces.
  • P / Participa y actúa de forma consciente.
  • R / Reconoce la experiencia
  • A / Acéptala
  • I / Investiga la experiencia
  • L / Libérate, no te identifiques
Manejo de pensamientos

Para el manejo de los pensamientos podemos realizar los siguientes ejercicios:
Etiquetado de pensamientos: se trata de poner nombre a las ideas que vayan surgiendo durante el proceso.
Hora del centrifugado: hace referencia a ceder un tiempo determinado y pactado a nuestros pensamientos, por ejemplo, una hora por la mañana.
Mi discusión con Sócrates: consiste en poner en duda todo aquello que aceptamos, identificando de esta manera todos aquellos pensamientos que hemos adoptado sin reflexionar sobre ellos.

Actos de plena conciencia

Se trata de registrar en un folio la actividad que estamos realizando, el grado de presencia efectiva en esa actividad (0-100) y qué otras actividades hacíamos mientras tanto. Así tomaremos conciencia de la atención que prestamos a lo que estaba ocurriendo o a lo que estábamos haciendo en ese momento.

Aceptación y desapego

Se puede desarrollar mediante el desafío de las 100 cosas, de David Bruno (2010). Consiste en deshacerse de las cosas, pues es más útil coleccionar momentos que cosas. De esta forma, practicaremos el desapego a las posesiones, pero también a las relaciones que puedan ser perjudiciales.

Compasión y autocompasión

La práctica de la compasión se puede llevar a cabo de la siguiente manera:
  • Ritual de la mañana: al despertar, nos repetiremos lo siguiente: “Hoy me siento afortunado por haber despertado, estoy vivo y tengo una preciosa vida humana, y no voy a desperdiciarla. Voy a utilizar todas mis energías para desarrollarme, para expandir mi corazón hacia los demás, para alcanzar la iluminación en beneficio de todos los seres. Voy a tener buenos pensamientos hacia los demás, no me voy a enojar o pensar mal de los demás. Beneficiaré a los demás tanto como sea posible.”
  • Similitudes con los demás: consiste en no centrarse en las diferencias -que es lo que solemos hacer- y encontrar las similitudes, que las tenemos. Pensemos que todos buscamos lo mismo: felicidad, evitar el sufrimiento, la tristeza, la soledad y la desesperación. También buscamos cumplir las necesidades personales y aprender de la vida y, desde ese punto, tratemos de aproximarnos.
Estos son los ejercicios básicos que pueden servir de referencia para cualquier persona que quiera empezar a meditar. Como ves son muy sencillos, especialmente si los comparamos con todo el bienestar que nos puede llegar a reportar su puesta en práctica.

Referencias Bibliográficas

Kabat-Zinn, J. (2013), Mindfulness para principiantes, Kairós, Barcelona.

Simón, Vicente. (2014), Aprender a practicar mindfulness, Sello editorial, Barcelona.

Teasdale, J., Williams, M., y Segal, Z. (2013), El camino del mindfulness. Paidós.



Francisco Pérez

sábado, agosto 19, 2017

Cuando la soledad se vuelve insoportable hay que actuar

A menudo, cuando reflexionamos sobre la soledad tenemos pensamientos negativos acerca de ella. La mayoría están influenciados por experiencias desagradables y creencias irracionales sobre la posibilidad de “quedarnos solos”. La cuestión es que si no ponemos solución a esto, podemos llegar a percibir la soledad como insoportable.



Así, en el momento en el que nos sintamos solos o apreciemos que la soledad va a ser nuestra compañera de vida el malestar nos invadirá. De manera que nos sentiremos presionados y comenzaremos a experimentar cierta sensación de asfixia que nos hará tomar decisiones menos afortunadas. Para evitarlo, la mejor solución es actuar.

“Un día me abrazó tanto la soledad que le tomé cariño, lloré como un niño y le conté mil historias, charlamos por largas horas como dos grandes amigos, después nos despedimos y cada quien siguió su camino. Sin embargo, nos vemos de vez en cuando y me alegra su visita, ella sigue siendo la misma, siempre sabia, siempre honesta, siempre lista”
-Kelbin Torres-

Identificar lo que sentimos

¿Qué sentimos con la soledad?, ¿rabia o tal vez, tristeza? Identificar cuáles son nuestras emociones y sentimientos cuando nos sentimos solos es muy importante para liberarlos e impedir que nos hagan daño. Ya que si los ignoramos, no desaparecerán sino que se depositarán en nuestro interior, volviéndose tóxicos y creando un vacío en nosotros mucho mayor.

Para identificar qué y como nos sentimos en estos momentos podemos realizar un diario emocional, en el que apuntemos las sensaciones, sentimientos y emociones que experimentamos cuando estamos solos. Otra opción es escribir una carta a alguien describiendo cómo nos sentimos e incluso, dibujarlo, hablarlo con alguien de confianza o simplemente, pidiendo ayuda profesional.

En un primer momento pondremos la excusa del “no tengo tiempo” porque mirar lo que nos duele cuesta y por eso lo evitamos. Sin embargo, esto será lo que nos permita soltar eso que tan mal nos hace sentir y, por fin, aceptarlo. Un paso muy importante, por no decir crucial.

“Y cuando en las mañanas nadie te despierta, y cuando en las noches nadie te espera, y cuando puedes hacer lo que quieras, ¿cómo le llamas a eso, libertad o soledad..?”
-Anónimo-

Una vez hemos identificado lo que nos hace sentir la soledad es necesario detener todas aquellas actitudes que la están retroalimentando. Por ejemplo, puede que nos apartemos de nuestra familia y amigos más cercanos, que nos aislemos fruto de ese malestar que sentimos… Porque una cosa es estar solos y otra muy distintas, contribuir a que la soledad no se despegue de nosotros.
La soledad no es mala, pero a grandes dosis puede limitar nuestra vida.

Tenemos que hacer un esfuerzo por abrirnos a nuevas amistades, por dejar aquellas relaciones que acrecientan ese sentimiento de soledad y por decir “sí” a aquellas invitaciones a las que nos negamos por no sentirnos del todo felices. Por eso, preguntémonos: “¿Si no me sintiera así iría?”. Si la respuesta es “sí”, hagamos un esfuerzo.

Cambiemos nuestras creencias sobre la soledad

¿Qué creencias están actuando en nosotros que favorecen a que ese sentimiento de soledad se haya vuelto insoportable? Quizás creamos que estar sin pareja es un fracaso, que se nos va a pasar el arroz, que no somos capaces de retener a nadie a nuestro lado, que hacer cosas solos es una vergüenza…

La única manera que tenemos para combatirlo es aceptarlo y luego, hacer todo lo contrario. ¿Creemos que es una vergüenza ir a tomar un café o al cine solos? Hagámoslo. Descubriremos que no somos las únicas personas que lo hacemos y además, nos daremos cuenta de que podemos sentirnos muy bien.

¿Por qué no empezar también a tener otras ocupaciones? Quizás trabajamos 8 horas y creamos que estamos suficientemente ocupados, pero cuando llegamos a casa y nos encontramos solos y sin planes, nos pueden atormentar los molestos pensamientos rumiantes en torno a la soledad. Por eso, introduzcámonos en ese hobby que siempre hemos querido hacer o apuntémonos al gimnasio para ir a una sesión de zumba tras salir de trabajar.

Hacer cosas nos ayudará a realizarnos y crecer como personas. Además, también nos permitirá conocer a gente nueva y darnos cuenta de que, en realidad, ¡no estamos tan solos como creemos! Tenemos que activarnos para así hacerle frente a la tristeza y darnos cuenta de que no dependemos de nadie para ser felices.

“¿Por qué, en general, se rehuye la soledad? Porque son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos”
-Carlo Dossi-

Empecemos a cuestionarnos nuestras creencias, no nos comparemos con lo que hacen los demás y hagamos lo que queramos sin depender de si otras personas pueden o no participar en nuestros planes. Es nuestro disfrute y nuestra felicidad lo que está en juego. Nos merecemos lo mejor, nos merecemos sentirnos bien y felices con nosotros mismos,no solo cuando hay gente a nuestro alrededor o tenemos una pareja.

Raquel Lemos Rodríguez

viernes, agosto 18, 2017

Soy feliz con lo que tengo, lo que no impide que siga aspirando a más

Solemos esperar a algo más, creemos que cuando tengamos un trabajo mejor, nos mudemos a otra casa, viajemos con más frecuencia o cobremos más a final de mes sabremos lo que es ser feliz, y no. Si no lo eres ya, probablemente no lo seas cuando todo esto ocurra (si es que ocurre) porque quien no sabe disfrutar de lo que ya tiene, está condenado a ser esclavo de su ambición.



Esta reflexión nos muestra un problema muy frecuente, tanto en personas como en situaciones. Hemos aprendido a ser ambiciosos, a querer más, a no conformarnos con lo que nos dan e ir a por algo mayor, pero ¿qué se nos olvida? Que la meta no es la cumbre, que llegar arriba no sirve de nada si no hemos disfrutado de las vistas al subir, que ser feliz se trata de ser ahora. Porque arriba, lo que es arriba, se está muy poquito tiempo…

“Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”
-Erich Fromm-

Cuando logro visualizar todo aquello que me falta desde el punto en el que me encuentro ahora, pero lo hago con energía por todo el camino que llevo recorrido, por todo lo que conseguí, para ver lo que voy a hacer con ganas y entusiasmo me acerco a la felicidad. Esa que no está arriba ni abajo, sino con nosotros.

No hablo de conformismo o de limitarme a mi zona de confort, quiero más y sé que puedo conseguirlo, pero afrontaré el reto con una gran sonrisa inspiradora para aportar más a todo lo que ya tengo. Si logro sentirme pleno con lo que poseo y aun así tengo ganas de más, habré conseguido dar con la clave secreta del éxito, de mi éxito.

“La ilusión no está en el cuando, sino en el mientras”
-Carlos Andreu-

Ser feliz y entrenar la visualización positiva

En 1967, el psicólogo australiano Alan Richardson realizó un interesante experimento con el que puso de relieve el poder de la visualización. En la primera fase de la investigación, les propuso a las personas que formaban parte de la muestra de su estudio que tiraran tiros libres, registrando la cantidad de canastas que encestaban. Posteriormente, dividio a este grupo de personas en tres subgrupos: la idea era estudiar cómo había cambiado su técnica de tiro durante los siguientes veinte días.

El primer grupo dedicó veinte minutos diarios a entrenarse en el lanzamiento de tiros libres, el segundo grupo no practicó nada y el tercer grupo tampoco practicó, pero sus miembros dedicaron veinte minutos diarios a visualizarse a sí mismos encestando la pelota.

Pasado este tiempo, Richardson midió de nuevo la habilidad de los jugadores y se encontró que el primer grupo había mejorado su rendimiento en tiros un 24%, el segundo no mejoró absolutamente nada y el tercer grupo, los que habían practicado la visualización, mejoró en un 23%.

Otro experimento realizado por Daniel Gilbert, profesor de la universidad de Harvard, aseguró que podíamos exprimir el doble las situaciones que nos hacían felices. En su experimento un grupo de personas fue invitado a cenar gratis a un buen restaurante. Cada uno podía elegir el día en el que cenarían. Las personas que retrasaron más tiempo la cena fueron las que reportaron una mayor felicidad como consecuencia de la experiencia: no solo disfrutaron de la velada, sino que además disfrutaron pensando lo bien que lo iban a pasar cenando.

¿Qué podemos concluir después de estos experimentos? La importancia de una buena imagen de nosotros o nuestras experiencias proyectadas en el futuro, consiguiendo objetivos, disfrutando, marcando metas y superando retos va a entrenar a nuestro cerebro para que conseguir esos retos sea más sencillo.

No se trata, como afirman algunas teorías, de que deseando algo con más fuerza estemos más cerca de conseguirlo. Lo que nos acerca al objetivo es ensayar mentalmente el procedimiento para llegar al lugar que queremos. Esto es algo que saben muy bien los atletas que corren pruebas de velocidad: en el calentamiento ensayan mentalmente la salida una y otra vez, la visualizan.
El hecho de que el ensayo mental pueda tener unos efectos parecidos al ensayo real se lo debemos a unas neuronas muy especiales: las neuronas espejo.

¿Te hace feliz lo que ya tienes?

Podemos estar toda la vida buscando la felicidad como aquel que busca metales escondidos en la arena de la playa o criba la arena en busca de pepitas de oro. Podemos solo hacer esto o intentar encontrar un equilibrio, en el que cuenten nuestros sueños pero también las emociones positivas. Esas emociones que emanan de lo positivo cuando nos detenemos a mirar qué hemos logrado.

Este equilibrio no solo hará que nos sintamos mejor en el presente, sino que facilitará que nos tomemos de otra manera nuestras aspiraciones. Facilitará que empecemos a verlas como algo deseable, pero también accesible y no imprescindible. No dejará de motivarnos en nuestros avances, pero atenuará el impacto que puedan tener los retrocesos. ¿se te ocurre algo que tenga más valor para ser feliz?

Adriana Díez

jueves, agosto 17, 2017

¿Cómo saber si estamos tomando la decisión correcta?

Suzy Welch, editora de la Harvard Business Review, ha desarrollado una técnica para tomar buenas decisiones. Esta se basa en tener en cuenta el plazo inmediato, el medio y el largo plazo. Welch propone que antes de tomar una decisión hay que filtrarla por la regla 10/10/10, preguntándonos si ¿me sentiré mal en los próximos 10 minutos?, ¿en los próximos diez meses?, ¿o me acordaré, incluso, dentro de 10 años?



Todos los días tomar decisiones, ya sea por gusto o por obligación. Si hacemos una revisión de aquello que nos agobiaban hace tiempo, nos damos cuenta que también de las “malas” decisiones pueden tener buenas consecuencias y que las “buenas” decisiones pueden traer resultados inesperados.

Por lo tanto, conviene no obcecarse tanto con cuál será la decisión correcta y analizar más las posibilidades y/o consecuencias de todo lo que puede suceder. Si nos obsesionamos por tomar la decisión correcta, estamos asumiendo que de cierta manera vamos a ser recompensados por una cosa y castigados por otra. Así, si el mundo real no funciona de esta manera, ¿por qué tenemos nosotros que enfrentarnos a esta dicotomía?

“Es en los momentos de decisión cuando se forma tu destino”
-Tony Robbins-

No te obsesiones con los dos polos: decisiones correctas o incorrectas

Para tomar decisiones, pensemos que, como mínimo, nos vamos a quedar con el aprendizaje que la propia toma de decisión nos reporte, además de aquellas enseñanzas que nos facilite la opción elegida. Por otro lado, que la opción que hayamos elegido sea mejor o peor muchas veces depende del grado de compromiso que adquiramos con ella.

Cuando afrontamos la tarea de tomar una decisión, nuestra intuición y nuestros sentimientos respecto a esa situación van a tener una influencia considerable. Si ya no en la decisión, por lo menos en cómo nos sintamos después de tomarla. Ante varias opciones, es normal que nos quedemos con la duda de que es lo correcto o no; lo único que podemos hacer en este sentido es dejar que el tiempo transcurra, ver qué sucede y corregir si fuera necesario.

Muchas decisiones ofrecen una opción enmascarada: la de no hacer nada. Enmascarada porque algunas personas piensan que optar por esta alternativa es no decidir. Nada más lejos de la realidad. Decidir no hacer nada también es decidir. Hablamos de una opción que no es mala de por sí: en muchas ocasiones es prudente e incluso posibilita que aparezcan nuevas alternativas que nos gusten más.

Sin embargo, en muchas otras ocasiones es la opción elegida porque es la que menos disonancia produce, la que menos esfuerzo requiere o la que evade la parte de responsabilidad que nos corresponde de sus consecuencias. En estos tres casos, no hacer nada no suele ser la mejor opción. Quizás a corto plazo nos alivie, pero a largo plazo es probable que esta opción solo se traduzca en ansiedad.

“Piensa 100 veces antes de tomar una decisión. Pero una vez que la decisión es tomada, mantente firme en pie”
-Muhammad Ali Jinnah-

Aprovecha al máximo cada experiencia

Una buena idea para exprimir cada experiencia es aprender a no juzgarnos o castigarnos por pensar que nos hemos equivocado, los errores requieren corrección o reparación pero no castigo. No hay decisión importante y complicada que no implique un sacrificio o una renuncia.

Aprovechar las oportunidades nos da la confianza para generarlas cuando pasamos por momentos difíciles y estas no aparecen. Por otro lado, más importante incluso que saber aprovechar una oportunidad es saber generarla, tener la voluntad y la inteligencia para movernos cuando por la estación en la que estamos no pasa ningún tren.

Además, lo peor que podemos hacer al tomar una decisión no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso para sucesivas situaciones similares. Para tomar decisiones de las que después no nos vayamos a arrepentir, estar preparado es importante, saber esperar lo es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida.

Cuando la historia se repite, puede que no sea tanto por la elección tomada como por no haber aprendido de las ocasiones anteriores. Lo bueno de las decisiones es que los trenes de la vida pasan constantemente. Puede que dejemos pasar a uno que nos hubiera llevado a un lugar estupendo, pero nunca sabremos cual puede venir detrás y restaurar nuestra esperanza.

Fátima Servián Franco

miércoles, agosto 16, 2017

Todos podemos ser nuestros héroes

Esperar a que alguien venga a salvarnos es un error porque nadie sabrá hacerlo mejor que nosotros mismos. Eso sí, quizás a veces con un poco de ayuda. El mejor salvador lleva nuestro nombre porque nosotros también podemos ser nuestros héroes. 



No es preciso que nos pongamos un traje especial ni que luchemos contra enemigos con poderes especiales. Tan solo hay que prestarse atención y cuidarse cuando lo necesitemos. De lo contrario puede que el malestar aparezca un día para quedarse.

Ser nuestros héroes nos ayudará a mejorar la autoestima, facilitará el camino hacia nuestros sueños y demostrará al resto que tenemos la capacidad para hacer aquello que deseamos. Nuestra felicidad depende de nosotros y en definitiva, de nuestra heroicidad. 

La importancia de tomar decisiones

Un héroe se define por su valentía, por su capacidad de actuar y de algún modo, por construir la felicidad y el bienestar. ¿Cómo lo hace? Tomando decisiones, eligiendo qué hacer y hacia dónde ir. Por ello, si queremos convertirnos en nuestros héroes nuestras decisiones será muy importantes.

El problema es que estamos decidiendo continuamente pero no nos damos cuenta. Desde la ropa que nos ponemos hasta lo que vamos a comer o cómo pasaremos el día. Nuestra rutina está repleta de ellas. Ahora bien, la mejor decisión es la que tiene que ver con nuestra actitud. ¿Cómo elegimos enfrentar el día o simplemente, cómo nos tomamos las cosas que van sucediendo?

A menudo, creemos que tenemos menos poder del que verdad poseemos sobre nosotros. Por ello, decidir de qué modo vamos actuar y cuál va a ser nuestra actitud ante las diferentes situaciones será fundamental. Un héroe es consciente de ello y lo cultiva. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Dejemos de dar protagonismo a esas voces internas que no nos dejan avanzar y nos anclan a la zona de confort y decidamos salvarnos de esa “mala comodidad”.

El héroe y los enemigos

Un héroe además de por su valentía se define por su lucha contra los enemigos con el objetivo de salvar el mundo. Por lo que si queremos ejercer como nuestros héroes también tendremos que aprender a luchar contra nuestros enemigos. 

¿Quiénes son nuestros enemigos? Todos lo que nos atrapan en el malestar y nos empequeñecen como los miedos, la desconfianza, los conflictos, la toxicidad…. Pero sobre todo, nosotros mismos cada vez que nos tratamos mal, no pensamos en nosotros o se nos olvida todo el potencial que tenemos.

¿Entonces tenemos que luchar contra nosotros mismos? No. A diferencia de los héroes de las películas, series y libros, nosotros tenemos que transformar todo lo que nos hace daño en algo que nos produzca bienestar o al menos en algo de lo que siempre podamos aprender. Nuestra lucha no es una pelea sino la comprensión y consciencia para dar la vuelta a lo que nos sucede y comenzar a cuidarnos. Esa es la clave.

¿Cómo ser nuestros héroes?

Ya hemos visto que ser consciente de nuestras decisiones y además, fomentar la actitud comprensiva para tomar consciencia de lo que sucede y transformarlo nos ayuda en la grandiosa tarea de convertirnos en nuestros héroes. Pero, ¿qué más podemos hacer?

Es importante que comencemos a analizar qué o quiénes son los que controlan nuestra vida. ¿Será nuestro jefe, nuestra familia, el empleo o los preceptos sociales? ¿En qué momento hemos dado “permiso” para que hagan lo que deseen con nosotros?

Con esto no queremos decir que cada persona que nos rodea se haya convertido en nuestro enemigo, sino que muchas veces aun con la mejor intención del mundo pueden obstaculizar nuestro crecimiento. Por ello, es importante prestar atención a nuestro alrededor para que no nos influya de manera negativa.

Ahora bien, la clave para ser nuestros propio héroes no está fuera sino en el interior de cada uno de nosotros. Es la capacidad para hacernos visibles a nuestros ojos y darnos la importancia que merecemos para ofrecernos nuestro mejor apoyo. Porque solo hay una persona que nos acompañara siempre, ya sea para bien o para mal y somos nosotros mismos. ¿Para qué desaprovechar el tiempo siendo nuestros peores críticos y enemigos?

Cuídate, quiérete y compréndete. Los verdaderos héroes no son los que luchan contra los monstruos ni vuelan por las nubes, sino aquellos capaces de salvarse a sí mismos cada día con la intención de hacer su vida más plena y llevar la felicidad a quienes lo rodean.

Yamila Papa