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jueves, mayo 24, 2018

Cómo Ser Feliz el 100 % del Tiempo (de Verdad)

Una de las creencias más extendidas en la humanidad es que no se puede ser feliz el 100 % del tiempo.

Muchos de nosotros creemos que se puede ser feliz de vez en cuando, pero no en todo momento.

En parte, es comprensible que creamos esto, porque vivimos en un mundo donde a menudo cuesta ser feliz. Pero si lo pensamos detenidamente, podemos ver fácilmente que no es cierto.

Si fuera verdad que no podemos ser felices siempre, significaría que hay un límite de tiempo de felicidad que no se puede superar de ninguna manera. Por ejemplo, cien minutos de felicidad a la semana. (O doscientos. O trescientos. O mil. No sé cuál sería el límite exacto en caso de existir, pero si fuera cierto que no se puede ser feliz siempre, tendría que haber algún límite).

La pregunta es: ¿crees que esto es así?

¿Crees que hay alguna ley universal escrita en algún lugar que dice que no puedes ser feliz más de una determinada cantidad de tiempo?

Estoy seguro de que no.

La felicidad no tiene ningún límite.

Puedes ser tan feliz como quieras.

Y hoy hablaremos del proceso exacto para conseguirlo.
 
La Fórmula Exacta de la Felicidad

El primer paso para aprender a ser feliz todo el tiempo es entender bien cómo funciona la felicidad. Y esto es perfectamente posible, porque la felicidad tiene una fórmula exacta que se cumple siempre.

Para mí, esta fórmula es uno de los conocimientos más importantes del universo. Si tuviera que elegir saber una sola cosa sobre cómo funciona la vida, elegiría esta. Y la clave para entenderla es ver que la felicidad en realidad es exactamente lo mismo que el amor.

La felicidad y el amor son exactamente la misma cosa. Son la misma energía.

Lo que pasa es que esta energía amor/felicidad puede tener apariencias distintas, y por esto tenemos dos palabras distintas para referirnos a ella.

Por un lado, a veces esta energía sale de nosotros y se dirige hacia afuera. Y en este caso, la llamamos “amor”. Cuando amamos, el amor sale de nosotros y va hacia aquello que amamos.

En cambio, otras veces la energía viene desde fuera y entra en nosotros. Y cuando pasa esto, la llamamos “felicidad”. La felicidad es algo que sentimos en nuestro interior cuando apreciamos la vida que vivimos.

Si lo miramos superficialmente, puede parecer que son dos energías diferentes, porque una sale de nosotros y la otra entra. Pero en realidad son la misma energía formando un círculo. La felicidad que entra en nosotros es exactamente el mismo amor que ha salido previamente. Así:
 
 
Es decir, el amor que expresamos se refleja en aquello que amamos y vuelve a nosotros en forma de felicidad. O lo que es lo mismo:
Felicidad = amor expresado

Y esta es la fórmula de la felicidad. La cantidad de felicidad que sentimos en cada momento es exactamente igual a la cantidad de amor que estamos expresando. Ni un poco más, ni un poco menos. Es una fórmula exacta que se cumple siempre.

Lo que no dice esta fórmula es qué debemos amar ni cómo debemos hacerlo. Podemos amar lo que queramos y de la forma que queramos; lo único que importa a la hora de ser felices es que expresemos amor. Cuando expresamos nuestro amor, nos sentimos felices; cuando no, no.
 
Cómo Aplicar la Fórmula de la Felicidad

La idea general de la fórmula de la felicidad es bastante sencilla de entender y de comprobar: para ser feliz, hay que expresar amor.

Aún así, a veces hay dudas sobre si se cumple siempre o no. Un comentario que he recibido algunas veces es: sí, la fórmula de la felicidad es bastante correcta, pero no se cumple siempre. Hay veces que expresamos amor y no somos felices.

A veces nos preocupamos por alguien, por ejemplo, y a cambio solo recibimos ingratitud. O ponemos nuestro empeño en un proyecto que nos hace mucha ilusión, y no sale bien. Estos casos, y otros parecidos, parece que contradicen la fórmula de la felicidad.

Pero esto es debido a una pequeña confusión respecto a lo que significa el término “expresar.”

Cuando oímos que para ser feliz hay que expresar amor, la primera idea que normalmente nos viene a la cabeza es que hay que expresar amor con los actos: tratar bien a los demás, decir cosas amables, trabajar en proyectos que parecen buenos, etc.

Pero no es así.

Los actos son un canal con el que nos expresamos, pero no es el único; ni tampoco es el más importante.

El canal más importante son los pensamientos.

Para expresar amor, hay que pensar con amor.

Si no hay amor en nuestros pensamientos, da igual lo que hagamos con nuestros actos.
 
Cómo Expresar Amor de Forma Completa

Para expresar amor de forma completa y sincera, hacer actos aparentemente amorosos no es suficiente; nuestros pensamientos también deben ser amorosos.

Esto es así porque los pensamientos son el origen de todo lo que hacemos. Todas nuestras acciones nacen primero en forma de pensamientos. Por lo tanto, si los pensamientos no son amorosos, los actos tampoco pueden serlo; independientemente de la apariencia que tengan.

Lo podemos comparar con el crecimiento de una planta. En un caso así, los pensamientos serían la semilla y los actos serían la planta cuando ha crecido. Si la semilla no tiene amor, la planta tampoco puede tener amor.

Esta es la razón por la que a veces parece que la fórmula de la felicidad no se cumple. Si hacemos actos aparentemente amables, pero por dentro pensamos de forma poco luminosa, nuestros actos estarán vacíos. Por fuera quizás parecerá que estamos expresando amor, pero en realidad no será así, y por lo tanto no nos sentiremos bien.

En cambio, si nuestros pensamientos son amorosos, toda nuestra vida se llenará de amor: nuestras ideas y nuestras opiniones serán amorosas, y todo lo que hagamos y digamos también.

Este es el verdadero camino para expresar amor.

Y es el camino que lleva a la plena felicidad.
 
Cómo Ser Feliz el 100 % del Tiempo

Así pues, la clave para ser plenamente feliz es pensar con amor. Siempre que pensamos de forma luminosa, respetuosa y constructiva, el amor fluye a través nuestro y nos sentimos bien.

Y siempre que tenemos pensamientos de rechazo hacia algo o alguien, nuestro amor se bloquea y nos sentimos mal.

Esto enlaza con la cuestión que planteábamos al principio del artículo: ¿se puede ser feliz todo el tiempo?

Por supuesto que sí.

Tú puedes elegir tus pensamientos, y siempre que pienses con amor te sentirás bien.

No hay ningún límite sobre los pensamientos amorosos que tú puedes tener.

Un fuerte abrazo,

Jan
 
 

miércoles, mayo 23, 2018

El mal hábito de sentirse ofendido por todo

Todos hemos conocido a alguien que tiende a sentirse ofendido por todo. Es muy difícil tratar a este tipo de personas, ya que en cualquier momento se pueden mostrar molestas por algo que jamás se nos había pasado por la cabeza que pudiera molestarles.

 
 
Lo complicado es que muchas veces se sienten molestos o incómodos por hechos o situaciones que realmente no lo merecen. Ya sea por una broma insignificante, un pequeño olvido o por el uso de una palabra que a ellos les resulta intolerable. En algunas ocasiones lo que existe es un estado de extrema susceptibilidad. En otros, simplemente se ha asumido el hábito de sentirse ofendido por todo.

“Quien no conoce la risa es susceptible de conocer la pena, y esta es aún más compleja”.
-Javier Marías-

Tanto para quien se siente de esa manera, como para quienes le rodean, todo se vuelve muy difícil. Esa actitud termina bloqueando las relaciones con los demás, además de generar mucho sufrimiento, casi siempre de manera innecesaria. ¿Por qué hay gente que dice sentirse ofendida por todo? ¿Qué hacer en esos casos?
 
Las razones para sentirse ofendido por todo

El sentimiento de ofensa tiene lugar cuando percibimos que los demás nos tratan con deprecio e inferioridad. También cuando no nos reconocen, o no reconocen lo que hacemos. Ciertamente esto ofende, pero, si somos sinceros, es el pan de cada día.

Sin embargo, para algunas personas este tipo de situaciones resultan intolerables. No lo pasan por alto, sino que se detienen en ello. Sentirse ofendido por todo puede obedecer a diversas causas. Estas son algunas de ellas:
  • Sentimiento de inferioridad. Cuando la autoestima no es sólida y no hay un ego fuerte, es posible que alguien llegue a sentirse ofendido por todo. Le parece como si los demás quisieran recordarle constantemente que es inferior. Sin embargo, es su complejo el que lo lleva a sentirse así.
  • Pensamiento rígido. Corresponde a quienes piensan que las cosas se deben decir o hacer de una sola manera. Cuando algo no cumple con esos parámetros, sienten que el orden ha sido quebrantado y se ofenden. Además, suelen ser muy susceptibles a los ataques en contra de sus creencias.
  • Egocentrismo. Dar una excesiva importancia al yo hace que nos volvamos un poco paranoicos. Terminamos asumiendo que todo gira a nuestro alrededor y que los demás siempre están comentando, mirando o señalando lo nuestro.

Es recomendable tener cuidado al tratar temas como la religión, la sexualidad, las ideologías políticas o los nacionalismos. Son temas que despiertan todo tipo de susceptibilidades. Mucho más si alguien suele sentirse ofendido por todo.
 
Las ofensas y su verdadera importancia

Muchos dicen: “Nadie te ofende. Eres tú quien se ofende”. Tienen razón. Cada quien tiene derecho a pensar, opinar y decir lo que considere. Hay un límite, por supuesto. La violencia psicológica es inadmisible. Pero entre la violencia psicológica y una opinión o una actitud que no nos gusta, hay un gran trecho. Nadie puede vivir sanamente y sentirse ofendido por todo a cada instante.

¿Qué hacer? Estas recomendaciones pueden ayudar a alguien que se siente ofendido por todo:
  • Nadie te ha ofendido, solo te han contrariado. Quizás crees que los demás deben pensar o actuar de determinada manera. Si no lo hacen, lo que falla son tus expectativas, no lo que los demás hacen o dicen.
  • Permítele a la gente que sea como es. Nadie tiene derecho a moldear la conducta de otra persona. Entiende que debemos aceptar a los demás como son, así como exigir que nos acepten como somos.
  • Ningún comentario casual va a cambiar tu vida. La gente puede opinar bien o mal de ti. Pero ni lo uno ni lo otro va a cambiar realmente tu vida. Lo que importa es cómo te ves a ti mismo y cómo te sientes contigo mismo.
  • Aprende a reírte de ti mismo. No te tomes tan en serio. Lo único que consigues con eso es volverte “estirado” y extremadamente susceptible a cualquier cosa que afecte tu ego. Actuar así solo te daña a ti mismo y aleja a los demás.

Es importante que aprendamos a volvernos un poco impermeables frente a los comentarios o actitudes de los otros. Sentirse ofendido por todo solo nos conduce a estar en permanente conflicto con los demás, la mayoría de las veces por asuntos que no tienen importancia.

Edith Sánchez

martes, mayo 22, 2018

Cómo superar el miedo a ser criticado

¿Te has sentido criticado alguna vez? ¿Cómo te sentiste? Quizá hayas desarrollado miedo a ser criticado a raíz de un episodio parecido. Ser criticado no es plato de buen gusto para nadie, sobre todo cuando la crítica es mala.

 
 
Y es que existen diferentes tipos de crítica. No todas las críticas son negativas. Existen críticas constructivas que nos ayudan a mejorar diferentes aspectos de nosotros, pero incluso este tipo de críticas puede que no nos gusten o que nos pillen en un momento en el que no seamos especialmente receptivos.
 
El miedo a ser criticado

La mayoría de las veces, cuando recibimos una crítica, la vivimos como un ataque personal. Algunas personas la viven como un comentario hiriente, vergonzoso. Esto hace que nos sintamos heridos o nos pongamos a la defensiva.

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en el objetivo de la persona al deciros eso? Si al recibir una crítica no nos paramos a pensar por qué está tan enfadada esa persona y hasta qué punto tiene o no razón, nos pondremos a la defensiva. No sacaremos nada de provecho.

Si nos serenamos y aclaramos la cuestión, quizá veamos que podemos modificar algo de nuestro comportamiento que no ha sido muy adecuado. Entonces, la crítica nos servirá para aprender y mantener una buena relación con esa persona. Así, dejarás de sentir miedo a ser criticado.

Por otro lado, puede pasar que la persona esté equivocada y tenga un punto de vista que no compartimos. Si no lo expresamos de manera asertiva, podemos ceder en todo por temor a la crítica. Entonces, estaremos potenciando la manipulación por parte de la otra persona y nuestros sentimientos de baja autoestima.
 
Aceptar críticas adecuadamente es ventajoso

El primer paso para perder el miedo a ser criticado es, precisamente, aprender a ser criticado. Esto se consigue, en primer lugar, aprendiendo a reaccionar con calma ante una crítica. Las ventajas de reaccionar con calma ante una crítica son las siguientes:
  • Aprendemos a controlar emociones negativas.
  • No nos sentimos atacados.
  • Aprendemos a separarla de nuestra autoestima. Una crítica es solo una opinión.

Al estar tranquilos y reaccionar con calma ante las críticas, podemos atender mejor a estas. Las ventajas son numerosas:
  • Podemos evaluar si la crítica es buena o si es un intento de manipulación.
  • Si es buena, podemos aprender de ella y no estropear la relación con esa persona.
  • Si es buena, pero la persona no ha sabido realizarla, podremos comprenderla y mostrar la manera de decirnos las cosas.
  • La crítica podría ser un intento de manipulación. En este caso, frustramos a la persona al estar tranquilos y relajados.
  • Al no reaccionar coléricamente, no mostramos nuestros puntos débiles, sensibles.
  • Nos autoafirmamos, somos nosotros los jueces últimos de nuestra conducta. Si nos hemos equivocado, rectificar es de sabios. Cuando no nos hemos equivocado, serenamente nos reafirmamos en nuestra postura. Si la otra persona continúa, no entramos al trapo.
  • Nos permite salir airosos de una situación que, en la mayoría de las ocasiones, se torna muy desagradable.
 
¿Qué pensamientos negativos interfieren con el enfrentamiento a las críticas?

Existen una serie de pensamientos que no nos ayudan en lo más mínimo a la hora de enfrentarnos a las críticas. Si modifico estos pensamientos, empezaré a dejar de tener miedo a ser criticado.
 
Pensamientos sobre uno mismo

“Ya he metido otra vez la pata ¡qué desastre! ¡Qué vergüenza, lo hice mal!”. Cuando pienso esto, tengo la creencia de que siempre debo ser competente y que si me equivoco soy poco válido.

En este caso, el pensamiento racional sería el siguiente: “¿Lo he hecho mal? Bueno, primero vamos a ver si me he equivocado realmente. Si es así, tengo derecho a equivocarme. ¿Cómo me va a convertir una equivocación en una persona poco válida? Sólo me convierte en lo que soy: humano”.

Pensamientos acerca de la situación

“Qué situación más incómoda, humillante. No la aguanto, tengo que irme”. La creencia que hay detrás de esta afirmación es que las cosas deben ser siempre fáciles y cómodas. Deben salir como yo quiero. El pensamiento racional sería el siguiente: “La situación es incómoda pero ¿no la aguanto? ¿Qué es mejor, huir o hacer frente a las situaciones?”. Es una situación incómoda… pero escúchala, puedes aprender de la situación.
 
Pensamientos acerca del otro

“Me está ridiculizando, me quiere poner en evidencia, lo hace para agredirme, le encanta pillarme los fallos”. La creencia detrás de estos pensamientos es que hay gente mala que merece ser castigada. Los demás siempre deben ser amables y darme lo que necesito. Si no es así, no valen nada.

Este pensamiento puede ser cambiado por otro más racional. Podrías decirte, por ejemplo: “¿cómo puedo saber su intención? No puedo leer el pensamiento de los demás. ¿Y si lo hace para fastidiar? Si así fuera, a veces los humanos no somos tan buenos como sería deseable. Yo tampoco soy perfecto”.

Como vemos, se puede superar el miedo a ser criticado. Para ello, primero deberemos aceptar que nos critiquen y reaccionar con calma. Después, tendremos que cambiar ciertos pensamientos acerca de la crítica.

Francisco Pérez

lunes, mayo 21, 2018

Los 4 códigos para vivir, según la sabiduría Tolteca

Miguel Ángel Ruiz Macías es un investigador y escritor mexicano, descendiente de los toltecas. Su obra más famosa es Los cuatro acuerdos, un compendio de enseñanzas extraídas de la sabiduría de sus ancestros. En ella expone los códigos para vivir adecuadamente.

 
 
Su obra se cataloga dentro del género espiritualista. Está muy influenciada por las experiencias de Carlos Castaneda. Son tan acertados los códigos para vivir que plantea Ruiz Macías en su obra, que esta ya ha sido traducida a varios idiomas y más de 4 millones de personas la han leído.

“Todo ser humano es un artista. El sueño de la vida es crear arte hermoso”.
-Miguel Ángel Ruiz-

Los cuatro acuerdos, o los cuatro códigos para vivir, provienen de la soteriología tolteca. La palabra soteriología se refiere a la rama de la teología que estudia la salvación. Eso es lo que pretende Miguel Ángel Ruiz: aportar elementos para salvar al hombre de sí mismo. Esta es una breve síntesis de su propuesta.
 
1. Ser honestos, el primero de los códigos para vivir

El primero de los códigos para vivir tiene que ver con la honestidad. Ruiz lo plantea como un acuerdo que se debe realizar con la existencia. Lo expresa con las siguientes palabras: “Sé impecable con tus palabras”.

La honestidad con las palabras no solamente está asociada con la negativa a mentir. Tiene que ver también con la integridad en la comunicación. Comprometer nuestra mente, nuestro corazón y nuestro espíritu en las palabras que empleamos.

Según Ruiz, la palabra tiene tanto poder que es capaz de “hechizar” a otros. Esto significa que marca a las personas a quienes van dirigidas. Su energía es tan profunda que siguen resonando aún muchos años después de haber sido dichas.
 
2. Independizarse de la opinión de otros

El segundo de los acuerdos, o de los códigos para vivir de Ruiz, se expresa de la siguiente manera: “No te tomes nada personalmente”. Cada persona tiene una visión del mundo. Ve y valora las cosas de acuerdo a esa mirada, a esa construcción particular de la realidad.

Por lo tanto, cuando las personas hablan de nosotros, en realidad se refieren solamente a la parte de la realidad que alcanzan a captar. Se remiten a su propia visión. Por eso, lo acertado es entender esas palabras como el fruto de ellos mismos, no como algo que de verdad tenga que ver con nosotros.

En ese sentido, lo que los demás digan acerca de nosotros carece de validez real. Ni lo bueno, ni lo malo de sus opiniones tendría por qué tocarnos. Independizándonos de las opiniones ajenas nos evitamos muchos sufrimientos innecesarios.
 
3. Tener el valor de expresar todo lo que se siente

El tercer acuerdo de Miguel Ángel Ruiz dice: “No hagas suposiciones”. Se trata de uno de los códigos para vivir que nos invita a comunicarnos de una manera clara, asertiva y suficientemente fluida. Las confusiones traen muchas dificultades y ningún aporte.

Lo adecuado es no suponer que tenemos la verdad. Mucho menos pensar que conocemos la verdad de los otros. Así que nunca debemos cohibirnos a la hora de preguntar directamente por aquello que queremos comprender.

Así mismo, es necesario tener el valor de expresar lo que sentimos de la forma más clara y sincera que sea posible. Es una forma de abrirnos al otro y de facilitar el entendimiento mutuo. Es también un principio de la comunicación genuina.
 
4. Dar lo mejor a los demás

El último de los acuerdos señala: “Haz siempre lo máximo que puedas”. Ruiz insiste en que es muchísimo más importante el esfuerzo que el resultado. Lo que hace relevante o valioso un acto es el esfuerzo que está empeñado en ello, no su apariencia, su utilidad o su provecho.

La propuesta es poner lo mejor de nuestra parte en todo lo que hagamos. A la vez, impedir que nuestro tirano interior nos juzgue si acaso no alcanzamos el objetivo preciso que nos habíamos fijado. El propósito es ser cada vez mejores, así que un resultado adverso solo es una razón para comenzar de nuevo.

En lo que sí debemos ser excelentes es en la voluntad de dar lo mejor de nosotros mismos a los demás. Ruiz afirma que con solo cumplir con ese cometido, nuestra vida se transforma de manera positiva al instante. Así también evitamos la enfermedad y el sufrimiento.

Los cuatro códigos para vivir inspirados en los toltecas representan ejes fundamentales para edificar una vida más plena y realizada. Coinciden con la psicología occidental en muchos aspectos. Por eso se trata de pensamientos sobre los que vale la pena reflexionar.

Edith Sánchez

domingo, mayo 20, 2018

10 consejos para simplificar la vida y tener más tiempo libre

Simplificar la vida reporta numerosos beneficios. Si lo piensas, muchas veces los días se nos van en actividades intrascendentes o poco gratificantes. Esto no debería ocurrir. Nuestro tiempo es valioso y es necesario aprovecharlo al máximo.

 
 
Nos involucramos tanto en nuestras obligaciones que a veces olvidamos esos placeres sencillos a los que no tenemos acceso por falta de tiempo. Vivimos pendientes del reloj y las ocupaciones. No caemos en la cuenta de que tal vez una vida más simple sea la respuesta a nuestras preocupaciones.

… “la sencillez es el mejor encanto de todo poder”.
-Louisa May Alcott-

Para simplificar la vida basta con hacer mayor uso de nuestro sentido común. Ahorrar tiempo donde y dedicarlo a aquello que lo merece. Para apoyarte en ese objetivo, te proponemos 10 soluciones que podrían servirte.
 
Consejos para simplificar la vida en el hogar

Hay un par de consejos que te van a ahorrar parte del tiempo dedicado a la limpieza de la casa. Buena parte de simplificar la vida tiene que ver con no tener que invertir tiempo, ni esfuerzo, ni atención a realizar esas actividades domésticas que a veces absorben tanta energía.

Para que el piso esté limpio por más tiempo, nada mejor que evitar ensuciarlo. Y la mejor manera de no hacerlo es dejando los zapatos a la entrada. Es una costumbre antigua, que aún se mantiene en algunos lugares. La verdad es que es muy práctica. Adicionalmente, caminar descalzos o en medias es sumamente relajante y contribuye a la salud de los pies.

El otro consejo es comer siempre sobre una bandeja. Es muy fácil que las migajas o algunos restos de los alimentos queden volando por ahí. Siempre es mucho más sencillo limpiar una bandeja que una zona de la casa. Esto va a simplificar la vida en el hogar.
 
Un estilo de vida más sencillo

Es importante revalorizar esos lapsos de vida que pasamos en el hogar. Si vivimos solos, porque ese es el espacio en donde podemos centrarnos de nuevo. Si vivimos acompañados, porque es el territorio del encuentro. Simplificar la vida es más eficaz cuando se le da valor a esos tiempos en casa.

La primera manera de hacerlo es desconectar, tanto como sea posible, de todos los aparatos de comunicación. Esto incluye televisión, teléfonos y ordenadores. Mejor reservar tiempo para conversar, para leer o simplemente para descansar de verdad.

Otro consejo útil para simplificar la vida es el de hacer una evaluación semanal para establecer si los procedimientos de trabajo son suficientemente funcionales o no. ¿Qué actividades deben ser suprimidas o realizadas en mínimo tiempo? ¿Cómo se pueden optimizar los métodos para que las tareas sean más fluidas?
 
Las finanzas claras simplifican la vida

El dinero es un asunto que muchas veces roba nuestra atención, nuestro tiempo y nuestra energía. Nada mejor para simplificar la vida que tener siempre las cuentas claras. Esto supone clarificar las finanzas. El presupuesto mensual por escrito no es un lujo, sino una necesidad. La vida se vuelve mucho más organizada y tranquila cuando sabemos con qué contamos y tomamos el control.

Así mismo, es fundamental mantener como prioridad el pago de las deudas. Son un tema que puede llevar a un enorme desgaste emocional. Es importante contar con un plan de acción para pagar lo que debemos, ojalá a corto plazo.
 
Sencillez para preservar la salud

A menos que tu trabajo te demande un manejo de imagen exigente, no tienes por qué obsesionarte con ir al gimnasio todos los días o con tu apariencia. Salir a correr o a caminar media hora no te cuesta nada y te hace mucho más agradable la vida.

También es conveniente aprender alguna técnica de relajación o familiarizarte con prácticas como el yoga. En lugar de luchar contra el insomnio o contra el estrés con pastillas o a puro aguante, este tipo de estrategias y actividades son una buena alternativa. Más eficaces a largo plazo y más satisfactorios al instante.
 
La vida personal también puede ser más simple

El mejor consejo para simplificar la vida persona es olvidarte por completo de cambiar a las demás personas y al mundo. Concéntrate solo en los cambios que puedes realizar en ti mismo. Preocúpate por poner el ejemplo, si quieres que todo sea mejor. Nada, ni nadie, va a cambiar simplemente porque a ti no te gusta.

Además, es importante hacer un retiro una vez al año. Irte un par de días a un lugar alejado de todo lo que es habitual para ti. Esto oxigena, relaja y te ayuda a detectar aquello que no anda bien, lo que se puede reforzar y lo que se puede mejorar.

Si logras simplificar tu vida vas a ganar mucho. Lo primero, tranquilidad. Cuando alcanzamos esa estabilidad interna todo comienza a volverse más sencillo y viable. La vida es una sola y es mejor cuidarnos de no desperdiciarla en aquello que no vale la pena.

Edith Sánchez

sábado, mayo 19, 2018

De todo se sale: con una sonrisa, un portazo o sin mirar atrás

La mayoría de las veces no tenemos un salvavidas para cada naufragio ni un paracaídas para cada salto al vacío. Sin embargo, de todo se sale. A veces con una sonrisa, otras con un portazo y sin mirar atrás. Porque aunque no tengamos una pomada para curar cada error o una brújula que nos marque siempre el mejor camino, tarde o temprano lo hacemos: salimos adelante con la cabeza bien alta.

 
 
Puede que este razonamiento nos suene a un eslogan más de la psicología positiva. Uno de esos que defienden el lema de “si quieres, puedes”, acompañado de una cara amarilla sonriente. Bien, cabe señalar que este enfoque psicológico es mucho más que un simple lema con poco sentido. De hecho, podemos reconocer una evolución desde que Martin Seligman asentara sus bases teóricas y científicas allá por los años 90.

La psicología positiva actual vive una segunda ola. Esa donde se valora un aspecto clave: nuestra capacidad para transformarnos. Para lograrlo, debemos entender lo complejas que son las experiencias emocionales, ahí donde no siempre es fácil separar lo positivo de lo negativo. Para sobrevivir, para superar cualquier adversidad, hay que saber convivir con todo ese abanico de sentimientos, a menudo desafiantes, pero también complementarios e integrantes de un equilibrio que autorregular con eficacia.
 
“Enfrentarse, enfrentarse siempre… ¡Ese es el único modo de superar los problemas!”
-Joseph Conrad-

Pero, ¿dónde está la salida?

Puede que tu problema se solucione con un avión: poniendo distancia, cambiando de aires, de mapas, de piel, de escenarios conocidos. O tal vez no sea esto, tal vez lo que necesites es decir en voz alta eso que llevas tanto tiempo callando. Expresarte con claridad y cerrar esa etapa de tu vida con una sonrisa o con un portazo. Ahora bien, también puede ocurrir que aquello que necesitas ya lo tengas, y solo te haga falta darte cuenta de ello.

Sea cual sea tu situación personal, tu agujero negro o dificultad, solo debes saber una cosa. De todo se sale, siempre y cuando, eso sí, tengas la mirada puesta en la propia “salida” y no en el laberinto del problema. Porque, lo creamos o no, eso es algo que hacemos la mayoría. Así, cuando la adversidad nos visita y nos atrapa en su tejido de imprevistos e injusticias, a menudo nos enfocarnos solo en lo que duele, en lo que indigna, en lo que amenaza… Miramos cara a cara al miedo, pero nunca por encima de él.

Todo problema tiene una frontera e ir más allá nos permitirá respirar, alejar esa sensación de ahogo. Y entonces, atisbar un plan de escape. ¿Pero lo hacemos? La verdad es que muchas veces no, y esa es una cuenta elevada que pagamos de manera repetida. Porque la adversidad paraliza y estamos poco acostumbrados (mal entrenados) a lidiar con las emociones negativas. No las toleramos. La psicología positiva, en esa segunda ola que vive en la actualidad, enfatiza en cambio la importancia de no agotar nuestros recursos encapsulándolas. Si logramos aceptar las emociones negativas en lugar de pelear con ellas, avanzaremos.

De todo se sale, pero… ¿dónde está la salida? La salida está justo ahí, por encima del horizonte del miedo.
 
Lecciones sobre la adversidad

En los últimos años, no solo la psicología positiva está experimentando un interesante avance. Cada vez tenemos a nuestra disposición más trabajos y artículos enfocados en lo que se conoce como psicología del crecimiento postraumático. Esta corriente incide en que, aunque de todo se sale, no emergeremos de ese túnel siendo los mismos. Todo proceso implica un cambio y todo cambio significa pérdidas e incorporaciones, en definitiva, transformaciones.

Las lecciones sobre la adversidad nos dicen que tal vez perdamos un pedacito de nuestra inocencia. De nuestra capacidad de confianza, de nuestra espontaneidad de antaño… Nos desprenderemos de ciertas cosas en ese proceso de salida y quedarán heridas, no hay duda. Sin embargo, como señala el poeta y arquitecto Joan Margarit, una herida es también un lugar donde vivir. Lo es porque emerge de nosotros una fuerza creativa sin igual, hallamos recursos que no sabíamos que teníamos y creamos además, una visión de nosotros mismos más satisfactoria.

De todo se sale si trazamos un plan de escape. De todo se sale si tomamos conciencia de que ya no volveremos a ser los mismos: seremos más fuertes. Entenderlo, hacer nuestros estos principios nos ayudará sin duda en este viaje vital donde comprender en primer lugar que nadie es ajeno ni inmune a la adversidad. Y en segundo, que todos tenemos el potencial para poner en funcionamiento lo que se conoce como crecimiento postraumático.

El propio Martin Seligman nos lo recuerda en su trabajo sobre el 11-S. Algo que pudo ver en una buena parte de las personas que habían sobrevivido al ataque terrorista era su capacidad de resiliencia. A menudo, los acontecimientos más duros pueden actuar como agentes catalizadores para los cambios más positivos. Nos confieren una mirada más humilde, mayor templanza, resistencia psicológica, aceptación de la propia vulnerabilidad y una filosofía de vida más íntegra y valiosa.

Para concluir, la fuerza de una persona no está ni mucho menos en la fuerza que tenga para resistir ciertas cosas. Nuestra fuerza se halla en nuestra indomable voluntad para transformarnos, para reconstruirnos una y otra vez.

Valeria Sabater

viernes, mayo 18, 2018

¿Cuánto tiempo necesito para crear un hábito?

¿Cómo podemos incorporar un hábito a nuestro repertorio de conductas? ¿Cuánto tiempo será necesario para desarrollarlo de forma natural? ¿Todas las acciones pueden ser adquiridas como hábitos y con el mismo tiempo de entrenamiento? En este artículo resolvemos todas tus dudas sobre lo que necesitas para crear un hábito.

 
 
Todos deseamos incorporar en nuestro día a día rutinas que nos permitan llevar una vida más saludable, como, por ejemplo, dejar de fumar, comer de forma sana, hacer ejercicio de forma regular, etc. ¿Pero qué ocurre en nuestro proceso de intentarlo? En muchos casos perdemos la motivación a los pocos días y dejamos de intentarlo.

Crear un hábito supone un esfuerzo. Supone hacer que nuestro cuerpo o nuestro ritmo de vida se adapte a nuevas rutinas que antes eran desconocidas. Por ello, la clave para crear un hábito será la constancia y la perseverancia. Ellas serán las que se enfrenten a la tentación de abandonar.

Cuando logramos que la conducta esté incorporada en nuestro repertorio habitual, resulta más fácil llevarla a cabo y la realizamos de forma más natural. El primer paso entonces será definir bien qué quiero conseguir, si es algo que deseo y me siento motivado, el primer paso será mucho más sencillo para comenzar.
 
“La diferencia entre lo posible y lo imposible reside en la determinación”.
-Tommy Lasorda-

¿Cuánto tiempo cuesta crear un hábito?

En 1960, el cirujano plástico Maxwell Maltz, definió la duración de 21 días para crear un hábito. Posteriormente se ha visto que las neuronas no son capaces de asimilar de forma completa un nuevo comportamiento en este tiempo y corremos el riesgo de abandonar de forma prematura solo con 21 días de entrenamiento.
 
“La plasticidad cerebral ha demostrado que el cerebro es una esponja, moldeable, y que continuamente vamos reconfigurando nuestro mapa cerebral”.
-Patricia Ramírez-

En estudios posteriores realizados por la University College de Londres descubrieron que, como media, en realidad son necesarios 66 días para incorporar una nueva conducta en nuestra rutina y hacer que se mantenga. También descubrieron que dejar un día de seguir la conducta no es perjudicial para el objetivo a largo plazo.

Crear un hábito hace necesario la práctica rutinaria al principio (constante/frecuente) para hacer que algunos procesos del hábito se automaticen y necesitemos menos esfuerzo para llevarlo a cabo. El tiempo de práctica variará según la conducta que queramos adquirir y lo familiar que resulte para nosotros. Algo totalmente nuevo y muy alejado de nuestra rutina habitual quizás requiera más tiempo de práctica que por el contrario, adquirir un hábito cercano y sencillo para nosotros.
 
¿Cuáles son los ingredientes para mantener un hábito?

Lo primero que debemos hacer es generar un plan de acción, y esto supone crear metas a corto, medio y largo plazo para hacer que no desistamos a la primera de cambio y seguir perseverando al ver que vamos cumpliendo aquello que nos proponemos. El plan debe incluir también la definición del momento del día en el que realizaré aquello que quiero. Los planes bien definidos y organizados permiten un seguimiento mucho más fácil.

¿Por qué queremos adquirir ese hábito? Dibujar nuestro futuro consiguiéndolo o ver aquello positivo que obtendremos de la nueva conducta hace que nos mantengamos motivados y no perdamos la ilusión que en un principio hizo que nos decidiéramos. Tener estos objetivos a la vista también hace más fácil la práctica diaria.

No dejarnos vencer a la autoprocastinación, es decir, no dejar para mañana lo que puedes empezar hoy. Cuanto antes empieces, antes lograrás aquello que quieres conseguir. Crear un hábito requiere una disciplina y trabajo constante, a lo que podemos hacer frente si realmente deseamos y nos sentimos apasionados con lo que podemos conseguir. ¡Adelante con tus nuevos hábitos!

Adriana Díez